Y todo lo demás

Ingrid Cobo

Y todo lo demás - Ingrid Cobo

Quienes somos. Algunas voces dicen que lo que somos proviene de lo que escogemos, y una parte importante de lo que escogemos es el saber qué hacemos nuestro, aquello que hemos recogido de allí y de acá, de manera postestructural, como un ramillete de flores silvestres aunadas en una mano. De  lecturas subversivas y de diccionarios extranjeros, tartares exquisitos y films que nos hacen vibrar. De conversaciones trasnochadas y de viajes increíbles. Todo aquello que forma nuestro fondo de armario hace que nos podamos identificar con un tipo de ser, de corriente, de prototipo incluso. Pero la pregunta es si eso es suficiente, si el saber acumulativo que hacemos nuestro es decisivo para describir lo que hay detrás de nuestra manera de actuar y de ser.

He escuchado que eso no es suficiente, que existen corrientes subterráneas tan densas que arrastran cualquier superficie. Que la acción venida de nuestro saber, no deja de ser un gesto propio, pero no único. Y es que entre lo propio y lo único pueden hallarse océanos de distancia y es ahí, en esos océanos, donde algunas almas naufragan y otras sin embargo crecen y se desarrollan dentro de una vorágine sin carreteras asfaltadas. La pregunta que deviene es el límite y la correspondencia entre lo propio y lo único. Lo que escogemos como propio y lo que hay detrás de éste.

Lo que va más allá de lo propio, lo que no es solo único, tiene demasiado impulso, tanto que nos puede llegar a tirar ese ramillete de flores silvestres que escogimos con tanto cariño. Si no hay un gesto de sinceridad en lo que realizamos, ese océano se agranda y nos engulle, porque tiene más fuerza y pasión que lo que se exterioriza; es como una causa motora, un horizonte de sentido que direcciona todo lo demás. Por eso la coherencia entre lo que expresamos y lo que intuimos es importante para vivir en armonía, para que básicamente uno no se anule a sí mismo.

También escuché por ahí que la contradicción es nuestro pan de cada día, que lo que decimos no siempre (por suerte) es lo que pensamos, que lo que realizamos no siempre es lo que deseamos, que nos engañamos continuamente porque es más fácil la vida así. Y está bien. Nadie nos dio un manual de aprendizaje y cada cual lo hace lo mejor que puede. Simplemente lo que se intenta  desvelar es aquella incoherencia sistémica que nos lleva hacia un camino sin salida, cuando la contradicción, vitalista per se, no se vuelve jamás afirmativa. Y es ahí donde conviene dar un volantazo de sentido para no correr el riesgo de ver la pared demasiado cerca de nuestra nariz. Dicen que duele mucho.

Por eso la vida es compleja, continua e inacabada, porque todos los saberes que vienen de lo propio nunca se acaban por cerrar, y tienen que coordinarse a la vez con esa fuerza motora que no es precisamente una balsa de aceite, porque en su esencia está el devenir, el movimiento continuo que es el único que da vitalidad. Sino simplemente muere, deja de ser una existencia con libertad, y sólo se está,  pero no se es.

No apto para adultos desérticos.

Ingrid Cobo

 

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s