En busca de las verdades fundamentales

Oscar  V.

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La datación de algunos descubrimientos arqueológicos sugiere que nuestra especie comenzó a preguntarse por los misterios de la vida mucho antes de lo que se pensaba. Los enterramientos y rituales funerarios encontrados así lo apuntan. Podemos imaginar a nuestros primeros antepasados mirando las estrellas, intentando descifrar y comprender las incógnitas de su tiempo.

La necesidad de conocimiento y la búsqueda de respuestas es una característica inherente al ser humano. Esa continua búsqueda concebía las primeras hipótesis, dando lugar a corrientes de pensamiento transmitidas de padres a hijos y que darían lugar con el tiempo, a las primeras formas de religión.

Los diferentes cultos religiosos ofrecían respuestas y llenaban el vacío místico de las personas. Durante siglos tuvieron el monopolio de la verdad e impusieron sus doctrinas, en muchos casos a sangre y fuego, llegando a controlar no sólo el aspecto espiritual y social de los reinos, también el gobierno.

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Hoy la religión sigue teniendo mucho peso, pero su papel ha quedado relegado a una cuestión de fe en una sociedad que anhela más que nunca el conocimiento. Hoy preguntamos a la ciencia para dar respuesta a las grandes cuestiones fundamentales: ¿Quiénes somos, de dónde venimos y dónde vamos? Miramos con desdén y condescendencia las primeras enseñanzas religiosas que hablan, por ejemplo, de un creador omnipotente que nos hizo a imagen y semejanza.

No seré yo el que niegue la existencia de los profetas, avatares o cualquier otra definición que pueda atribuirse a Mahoma, Buda o los distintos enviados de Dios. No seré yo el que niegue el magnífico ejemplo dado por Jesús de Nazaret que vino a mostrar un nuevo camino para el hombre. No dudaré de los testimonios dados por los discípulos de Cristo, cuando entregaron su vida como prueba de lo que vivieron… No podemos negar que aquel hombre muerto en la cruz proclamando el amor y el perdón para todos, cambió el mundo. No dudaré de la sábana Santa, cuando la ciencia no ha sido capaz de negar su misterio. Tampoco negaré las razones de los científicos para permanecer escépticos.

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Lo que podemos asegurar con rotundidad, es que cuanto más se investiga, más conscientes somos, de lo lejos que estamos de comprender los misterios de la existencia.

Todos necesitamos dar sentido a nuestra vida. La rutina puede distraernos de lo importante, pero a la hora de la verdad, a la hora del dolor… seguimos mirando al cielo como los primeros hombres; como si el tiempo no hubiera pasado; como si los milenios que nos separan de nuestros antepasados, no fueran más que un suspiro en la noche de los tiempos…

La civilización sigue su rumbo en este planeta perdido en la inmensidad del universo. Estamos rodeados de misterios que tal vez nunca lleguemos a entender pero están ahí, esperando que el tiempo nos permita comprenderlos.

Mientras seguimos preocupados por encontrar respuestas a tantas preguntas, el tiempo pasa. Asistimos al enfrentamiento entre facciones religiosas, políticas, idealistas… Todas ellas justificando sus acciones de una u otra manera, creyéndose en posesión de la verdad, tratando de imponer su criterio; Como si la verdad fuera algo inmutable…

La ciencia argumenta que todo lo que existe son diferentes manifestaciones de energía, una energía inmortal que jamás perece. Lo único que muere de nosotros cuando llega el momento son nuestros miedos. Vivimos tratando de evitar lo único que es inevitable, temiendo dejar el mundo y desaparecer en el vacío inerte.

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Si lo que nos da la vida y mueve nuestros sistemas vitales es inmortal, tal vez deberíamos olvidarnos del miedo. Deberíamos despertar cada mañana recordando que nosotros mismos, estamos formados por pequeños universos de átomos vacíos. Somos mucho más de lo que vemos en el espejo. Lo que entendemos por vida y muerte bien podría ser una ilusión… El mundo que conocemos podría ser simplemente un entorno de recreo, donde nuestra energía experimenta.

Muy poco o nada, nos diferencia de aquellos primeros humanos que miraban al cielo buscando respuestas; como si fuéramos personajes de un videojuego subiendo niveles…; con cada nuevo nivel cambia el entorno, las metas, los accesorios; pero seguimos siendo los mismos que cuando empezamos la partida. Estamos destinados a seguir jugando mientras quede tiempo… Cuando el tiempo se agote, tal vez sepamos realmente quiénes somos, dónde vamos y de dónde venimos…

Oscar  V.

 

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