La Mujer y sus barreras en el discurso del Arte

Maribel Guisasola
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Keane Eyes Gallery, San Francisco – huffingtonpost.com

Los discursos del arte contemporáneo están cargados de mensajes donde la ética discrepa con la estética; donde el arte se funde con la política, sin dejar de ser Arte; donde el artista, loco por excelencia, ha de ser sólo eso; donde la moda no está de moda; donde el sujeto moderno muestra y se hace eco de sus propios miedos; donde la política se hace abstracta; donde la mujer es la gran ausente por naturaleza, sin ser ésta la causa de su creación; donde la falta de coherencia es lo que prevalece; donde el lenguaje da forma a los pensamientos y la realidad se hace compromiso, y quedándome con esta última palabra “compromiso”, es por lo que decidí realizar este trabajo, porque siendo la mujer comprometida con cualquier causa desde que el mundo es mundo, nunca ha ocupado el lugar que merece, y menos en el Arte. Por el contrario del hombre, nunca su pódium fue fácil.

¿Quién decide lo que es o no es Arte? Yo creo que lo decide la Historia donde  se han quedado “esos locos bajitos” que diría Serrat, cuyas vidas o madres perdieron, esos otros locos de Foucault a los que no se les podía dar la razón, aún estando cuerdos. Así, de la misma forma habían quedado atrás mujeres; luchadoras, revolucionarias, escritoras, inventoras, científicas y por su puesto artistas que la sociedad gobernante había guardando en un baúl y que poco a poco, con la lucha de las propias mujeres, fueron quitando cerrojos para desvelar su interior. Éste fue el motivo por el que yo como mujer decidí formarme como futura Historiadora. Dos siglos tuvieron que esperar las mujeres para obtener plenos derechos constitucionales y el reconocimiento público, por eso mi pequeño homenaje hacia todas ellas.

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“Solamente existe una modalidad de belleza, la fealdad tiene miles” ( Víctor Hugo)

Como el ave Fénix surgen movimientos de la nada y desparecen de igual modo, lo que sería la causa por lo cual muchos autores quedaron al margen del Discurso oficial. Será el Discurso formalista quien creerá que el arte moderno es una continuación de avances para llegar a la forma pura, y apoyará dicha causa, Clement Greenberg será quien anuncie que es la abstracción; la que simboliza esta forma pura. A finales de los sesenta y comienzo de los setenta cambió la forma de concebir el arte, todo valía para ese propósito, la modernidad estaba en pleno auge y hasta lo monstruoso tenía cabida de igual modo que lo sublime. A partir de entonces teníamos que aprender, a entender y razonar, estos nuevos modos de expresión. En este contexto, las mujeres se aproximan con entusiasmo al mundo de las vanguardias artísticas.

A lo largo del siglo XIX y primeras décadas del XX son muchas las mujeres consagradas al arte, pero es un período complicado, de altibajos, y este género conforme va ganando derechos laborales, económicos y sociales, por otro lado los va perdiendo al convivir con el modelo moralista y disciplinario existente (época victoriana) que otorgaba a la mujer el antiguo papel de amante y fiel esposa, negándosele el derecho al estudio, hasta que aparecen las asociaciones de mujeres artistas que se crean para defender, sobre todo en este último caso, los intereses de estas mujeres instituyendo premios y bolsas de estudio, organizando exposiciones y luchando contra la discriminación de los organismos oficiales y de los concursos como el prestigioso Prix de Rome. Muchas obras realizadas por mujeres fueron inicialmente atribuidas a varones, lo que indicaría que no hay diferencias objetivas entre el arte realizado por mujeres o por hombres, pero cuando se verifica que la autora es una mujer, baja mucho el valor económico y simbólico de la obra. En este momento la formación de los artistas requiere conocimientos de Geometría, Física, Aritmética y Anatomía, disciplinas que no se incluían en la formación de las mujeres, como única oportunidad el taller familiar.

“El feminismo, es un pensamiento políticamente ilustrado”, según Amelia Valcárcel tiene su cuna en la Ilustración pues parece ser que sobre la igualdad y diferencia entre los sexos, nace un nuevo discurso crítico que utiliza las categorías universales de su filosofía política, aunque en sí, no puede decirse que la Ilustración sea feminista, y sin embargo las mujeres desde 1789 han estado luchando por sus derechos y alzando su voz para ser escuchadas en un mundo de hombres.

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Amelia Valcárcel / Foto: wim-network.org

Estas mujeres decidieron levantar la voz, y entre otros, Condorcet, en su obra Bosquejo de una tabla histórica de los progresos del Espíritu Humano (1743), reclamó una sociedad más justa para las féminas. Varios siglos pasarían hasta que el hombre dejara de medirse por la altura del tacón y éste diera paso a la estética femenina. En 1791, Olimpia de Gouges (1791) denunció, sin éxito, lo poco favorable o nada mejor dicho que había sido la Revolución para el género femenino. “Liberté, égalité, fraternité” pero no fue para todos así.

En Inglaterra Mary Wollstonecraft escribe la obra Vindicación de los Derechos de la Mujer (1792). En ella critica a Jean-Jacques Rousseau, uno de los ideólogos con mayor influencia en la Revolución Francesa. Para esta autora, la mujer nunca podría cambiar su estatus si no accedía a la educación ya que de este modo obtendría su independencia en todos los aspectos, pero claro eso era atrevido. Por no hablar de Bonaparte y su Código de 1804 donde manda a la mujer a que permanezca en las rejas de su hogar negándole cualquier cosa que la hiciera evolucionar o comparable a los hombres.

Recordemos por ejemplo que en 1903, en Inglaterra, mujeres como Christabel Pankhurst y Annie Kenney fueron encarceladas al irrumpir en medio de un discurso del Partido Liberal para reclamar el derecho al voto. Pero llegó la hora en que las mujeres debían demostrar que valían para algo más que cuidar de la casa y la familia; llegó la I Guerra Mundial y era su momento.

Tras la Segunda Gran Guerra (1939-1945) los hombres cansados de ver todo esto como un intento de sublevación hacía su género y una gran amenaza, decidieron que las mujeres debían estar de nuevo en casa y dejar el trabajo de las fábricas a los hombres, ¿a caso no se acordaban estos hombres que en la barbarie de Auswitch el exterminio sacudió ambos sexos? Simone de Beauvoir (1949) analiza a las mujeres como si fuera la evolución del mundo masculino y tras un análisis afirma “no se nace mujer, se llega a serlo”. En la década de los 60 Betty Friedan creó la Organización Nacional de Mujeres (NOW).

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En esa línea, el Museo Nacional de Bellas Artes, de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos de Chile (Dibam), el 16 de agosto de 2012, realizó un seminario titulado “Historia del Arte y Feminismo: relatos, lecturas, escrituras y omisiones” donde se analizó, entre otras, “ el feminismo y la escritura historiográfica sobre arte en Chile y América latina”. La revisión analizó la segunda mitad del Siglo XX, dentro de la Historia del Arte, desde el punto de vista de distintas historiadoras que iniciaron el análisis sobre los discursos cognitivos y políticos de las diferentes corrientes del movimiento feminista a partir de un escrito de Linda Nochlin (1971), una de las primeras en tratar el tema de la visibilidad femenina en el arte y en preguntarse por las bases del discurso tradicional. En uno de sus artículos más comentados, Why have there been no great women artists? criticó las propias bases artísticas porque creía que era negativo para las mujeres que personifican modelos tradicionales propios del discurso de poder -entendido éste como el del “hombre blanco y de clase media o superior”

En España las mujeres tuvieron mayor acceso a la educación y así a formarse profesionalmente a partir de 1920, aunque hay que decir que las españolas tuvieron el derecho al voto reconocido durante la Segunda República desde junio de 1931, no tuvieron plenos derechos, luego no pudieron ejercer el voto, hasta noviembre de 1933. Clara Campoamor, sufragista diputada del Partido Radical, luchó por ese derecho hasta conseguirlo, lo que le costó su escaño en el Congreso.

El siglo XX es testigo de los grandes avances del movimiento feminista y de la lucha por los derechos de la mujer, pero todavía en la primera mitad del siglo las mujeres artistas siguen a la sombra de los hombres. Así se conoce a Sonia Terk como esposa de Robert Delaunay o a Georgia O’Keeffe de Alfred Stieglitz, a Gabrielle Münter como pareja de Wassily Kandinsky, a Lee Krasner de Jackson Pollock o a Dora Maar de Pablo Picasso. Las mujeres se acercan a las vanguardias y en muchos casos son ellas las primeras que dan el salto y las que empujan a sus compañeros hacia las novedades. La proliferación de creadoras en todas las disciplinas artísticas y en todos los movimientos de vanguardia a lo largo del siglo XX impide que podamos hablar de todas ellas. Recogemos solamente a algunas que, nacidas a finales del siglo XIX, desarrollan la mayor parte de su actividad en el siglo siguiente como Sonia Delaunay, Tamara de Lempicka, Natalia Gontcharova, Georgia O’Keeffe, María Blachard o Liubov Popova. Las artistas que se sintieron cautivadas por el discurso antiburgués de los vanguardistas revelaron que éstos seguían siendo sexistas y poco condescendientes, lo que conllevó a diferentes formas de reacción, como Romaine Brooks, Vanessa Bell, o Djuna Barnes, que enclaustraron sus carreras cayendo en el desánimo y la desesperanza. Actuando de modo más pesimista encontramos a Gertrude Stein, entre otras, que creó círculos de mujeres alternativos a los de los hombres con la pretensión de llegar a la vanguardia a través de las posiciones tradicionales masculinas.

“Era la mujer, con sus miedos repentinos, sus caprichos irracionales, sus instintivas turbaciones, sus audacias sin causa, sus bravatas y su exquisita delicadeza de sentimientos…” (Sarrasine, 1831 – Honoré de Balzac).

Maribel Guisasola

 

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