El Palmera

Amonsanmac

a005-04 el palmera

Hoy es sábado, y como cada fin de semana, me dirijo temprano  a la ardua tarea de tener que cuidar de un anciano. Son las nueve de la mañana cuando llego a casa, aunque a él no lo despierto hasta pasadas las doce del mediodía. Una grúa especial, me ayuda a poder levantarlo de la cama. !Qué cierto es eso de que no hay quien pueda con un peso muerto! A pesar de la grúa, tengo la espalda machacada y además él no pone nada de su parte, sólo se queja.

Está en la piel y en el pellejo, pero aún así mide casi dos metros. Cojo la crema de cuerpo y le doy unas cuantas friegas en las piernas para que le circule la sangre y no le salgan pupas, y también por los brazos. !Qué frágil y desvalido le veo! En ocasiones creo que le resulto familiar y espero por un instante oír mi nombre, pero la mayoría no tiene ni idea de quién soy. A veces, está tranquilo y otras me manda a freír puñetas. “Dejarme vivir mi vida”, dice.

Después de vestirle como a un niño pequeño, con el pañal y el chándal puesto, consigo sentarle en la silla de ruedas y llevarlo hasta el salón. Allí, se pone a mirar fijamente la tele con la mirada perdida. O si no, le coloco frente al balcón, y se queda observando la calle durante horas, como si tuviera mucho interés. !Me pregunto qué pasará por su cabeza!

La hora de la comida es para él la del desayuno, ya nunca tiene hambre. Aprieta los dientes y niega con la cabeza. !Venga, le digo, come un poquito más, que tienes que estar fuerte! “Iros de aquí y dejarme en paz”. Como se dé cuenta de que están dentro las pastillas, la puede liar: “Putaas que sois unas putaas, os voy a formar un consejo de guerra”.

Hay sábados que  viene un amigo de toda la vida a verle. Un alma caritativa que a pesar de que ya no le reconoce, le sigue visitando continuamente. ¿Cómo estás pepe? le pregunta;  y él se le queda mirando y me dice: ¿Y éste quién es?

Las ocho de la tarde, otra vez la cena. Cuando termina, le limpio de arriba a abajo con toallitas. Luego le llevo hasta la cama, le pongo el pijama y se pone a rezar conmigo. “Padre nuestro”, (empiezo) y él continúa con su lengua de trapo:”que estás en los cielos”, “santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino”. Parece mentira, pero el padre nuestro  es una de las pocas cosas que no se le ha olvidado. El padre nuestro y tampoco su firma: una palmera chiquitita que dibuja cuidadosamente al lado de una rúbrica desconocida.

Cuando nos dijeron que sufría una enfermedad degenerativa, decidimos que lo cuidaríamos hasta el final. Que estaría con nosotros, su familia, y no le dejaríamos nunca. Toda una vida dedicada al ejército… Allí le conocían como Pepe, Pepe el Palmera; por su gran envergadura. Ha sido General. Aunque para mí es mi querido padre y a él ya no le importa lo que fue anteriormente.

Cuando por fin se duerme oigo que murmura: “Ir haciendo las maletas, que me van a cambiar de destino”.

Amonsanmac

 

2 comentarios

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s