Nikola Tesla. Energía, frecuencia y vibración

Diana Franco
Nikola Tesla. Energía, frecuencia y vibración.
Nikola Tesla / Imagen: beforeitsnews.com

Cuenta la leyenda que en 1856, en Smiljan, la actual Croacia, bajo una noche de tormenta eléctrica nacía con el firme propósito de cambiar el mundo, Nikola Tesla. Muchos así lo afirman, este hombre alto, moreno y de ojos oscuros, revolucionó el siglo XX y va camino de hacer lo mismo, si se lo permiten, con el actual.

Comenzó sus estudios de Ingeniería eléctrica en la Universidad Politécnica de Graz, en Austria. Autodidacta empedernido y con memoria fotográfica, enamorado de la física, las matemáticas y de la mecánica como realidades vivas, que a modo de fogonazos asolaban su mente. Percibía números, palabras y conceptos como representaciones reales:

“Cuando me decían una palabra, la imagen del objeto que designaba se me aparecía vívidamente ante la vista y en ocasiones casi no era capaz de distinguir si lo que veía era tangible o no. Esto me producía una gran incomodidad y angustia”.

Ni su inteligencia ni sus excentricidades pasaron inadvertidas entre sus coetáneos. Miedoso de los ácaros, se lavaba continuamente las manos; era capaz de oír el estallido de un trueno a 800 kilómetros y exasperarse por el aleteo constante de una mosca. Fanático de la combinación de números tres, seis y nueve, deducía que la clave del universo residía en esta composición. Premisa a tener en cuenta si observamos el trabajo de este inventor e inevitablemente lo hacemos, porque nos rodea.

No se menciona en los libros de texto, el hombre que concibió con ciento-sesenta años de antelación la sociedad moderna y fundó el actual sistema eléctrico, ha sido sepultado a la más profunda oscuridad. Sigue esperando pobre y solo en aquella fría habitación de hotel a que alguien de la luz.

“En el comercio y en la industria todo el mundo roba. Yo mismo he robado bastante. Pero yo sé cómo robar”, aseguraba el considerado padre de la electricidad Thomas Alva Edison. Tesla estaba de acuerdo con esta afirmación. El célebre creador de la bombilla prometió, a cambio de renovar los generadores y motores de corriente continua, cincuenta mil dólares americanos. Objetivo que el joven aprendiz cumplió en tiempo récord y que nunca cobró. Edison, soltando una carcajada se excusó, “Tesla, no entiendes el sentido de humor americano”. A pesar de que jamás volvieron a trabajar juntos, su relación no terminó aquí.

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Retrato de Thomas Edison – 1878

La batalla de la corriente alterna contra la corriente continua, fue ganada por Tesla. En el marco científico tenemos a todos los niveles un claro vencedor que regaló su vida, la fama y el dinero que tenía por una sola cosa: transformar todas sus imágenes mentales en patentes que mejoraran el mundo. El más genuino y audaz de sus pensamientos le perpetuó al ostracismo y a la derrota histórica: Energía libre, gratuita e inalámbrica para todos.

Aventuraba, “Un instrumento de poco costo, y no más grande que un reloj, permitirá a su portador escuchar en cualquier parte, ya sea en el mar o en la tierra, música, canciones o un discurso de un líder político, dictado en cualquier otro sitio distante. Del mismo modo, cualquier dibujo o impresión podrá ser transferida de un lugar a otro”. Hay hombres que no están hechos para su tiempo.

Si existe alguien que no conoce a Nikola Tesla, quizá lo haga si mencionamos el motor de corriente alterna, la transferencia de energía inalámbrica, el principio teórico del radar, el control remoto, el neón, su contribución a los rayos X, el láser, la robótica, la bombilla sin filamentos, la bobina de Tesla, la primera central hidroeléctrica y por concluir, ochenta y seis años con tres horas de sueño de media al día resultaron muy fructíferos, la radio. En 1943, cinco meses después de su muerte, se hizo justicia y le devolvieron su autoría.

La radio fue su declive, una vez que Marconi usurpando las patentes realizó la primera transmisión, J.P.Morgan retiró la financiación sobre el proyecto de la Torre Wardenclyffe de Tesla y quedó inacabada. La idea en esencia era utilizar las corrientes telúricas, activando la tierra con una determinada frecuencia, obteniendo así una fuente de energía limpia, inagotable y gratuita. “¿Dónde ponemos el contador?”, preguntó el magnate americano J.P. Morgan al iluso soñador.

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Marconi demostrando cómo funciona la radio – 1901

Aparentemente la perspectiva no ha evolucionado mucho y tenemos contadores polifásicos que facilitan datos en remoto a las grandes corporaciones eléctricas que poseen las fuentes de materia prima. La semilla se sembró en el siglo XIX y los partidarios de la propiedad privada, así como del despotismo ilustrado, a pesar de enfrentarse a adversarios tan brillantes como el señor y genio Nikola Tesla, mantienen el bastón de mando.

Algunos aseguran que estaba loco, otorgando crédito sólo a sus atestiguables y cuantiosas contribuciones a la sociedad. Si miramos con detenimiento, la televisión, internet, los coches y un largo etcétera de elementos utilizan sus patentes, sin embargo, el proyecto por el que más apostó y que por el que pagó un altísimo precio, Wardenclyffe, se llevó su salud y su fe en la humanidad. Su idea más ambiciosa, era obra de la demencia.

Afortunadamente, otros no lo creen así, personas brillantes del panorama científico presente aceptan su visión del mundo que ilustra muy bien esta cita de nuestro protagonista:

“(…) a  lo largo del universo hay energía: ¿es ésta estática o cinética? En el primer caso nuestras esperanzas son vanas, en el segundo –y esto lo sabemos con certeza- no es más que cuestión de tiempo que los hombres tengan éxito en sincronizar su maquinaria con los engranajes mismos de la naturaleza”.

Tras su muerte, igual que una vida llena de misterio, el 7 de enero de 1943 el director general del FBI, J. Edgar Hoover, requisó todos los documentos de este investigador incansable, cuyo volumen podría rondar unas ochenta maletas de material clasificado.

En el siglo XIX un visionario, solitario e incomprendido asentó las bases de este presente; hoy no es el único, todos ellos buscan lo mismo, dinero, para hacer realidad la realidad misma.

“El presente, es suyo, pero el futuro, por el que verdaderamente he trabajado, es mío”

(Nikola Tesla).

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