Amanece que no es poco

Lorena Gómez Arroyo

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Hay fechas que tienen significados especiales. El 24 de junio por ejemplo, Cataluña se levanta en su mayoría, con la resaca de la verbena de san Juan que anuncia inevitablemente la llegada del verano. Tradición anual. Pero no es así para todos; hoy, 24 de junio de 2016, Reino Unido se levanta con los resultados de sus decisiones. Brexit sí, o lo que es lo mismo, Reino Unido y la Unión Europea, se divorcian. Se les acabó el amor, si es que alguna vez lo hubo.

Y como en aquella película española de 1989 de Cuerda que da nombre al artículo, la situación actual es cuanto menos absurda y con un montón de personajes que ahora mismo, no saben qué pintan ahí, o tienen una leve idea de qué va a ser de ellos. Son muchas las consecuencias con las que los británicos se han levantado hoy, y muchas las voces con las que hay que lidiar.

Una de esas voces que se han alzado ya, es la de los escoceses. No hace dos años ellos mismos votaron quedarse, y ya advirtieron que una de las motivaciones principales fue su permanencia en la UE. Lo que les hizo quedarse, acaba de desaparecer, y ya piden un nuevo referéndum. ¿Cómo afectará eso a la unión del Reino Unido? ¿Y a los nacionalistas del resto del territorio europeo? Tal vez estemos a punto de ver asentarse un precedente para ellos.

Otro caso similar es Gibraltar, la eterna roca en disputa. ¿Qué pasará ahora con su soberanía? Motivos personales e históricos confluyen en su situación, y muchos temen el limbo en el que ahora se encuentran. ¿Cuál será su situación?

No hay que olvidarse de otros ámbitos como el financiero. La pérdida de peso del sector financiero inglés en los mercados internacionales. La City, era y ha sido hasta ahora, una de las plazas principales, con unos mercados financieros enormes gracias a la posibilidad de acceder a los mercados europeos. La posición dominante de ese submundo acaba de quedar tocada en su línea de flotación, y todos los mercados asociados han visto como la especulación y la volatilidad de la situación los hacía hundirse, y no sólo en la isla, sino a nivel mundial.

Caso similar pasa con los aspectos económicos referidos a la devaluación de la libra, los aranceles, las exportaciones, y las relaciones comerciales entre los distintos países que tenían un trato de favor comercial con la UE. Consecuencias de las que muchos advertían a modo de amenazas, como ya anunció hace relativamente poco Obama. Aunque en la especial relación comercial entre EEUU y Reino Unido no está todo dicho, pues las elecciones americanas están a la vuelta de la esquina, y el aspirante Trump, tiene sus propias ideas al respecto.

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Trump / Foto: Gage Skidmore (CC BY-SA 2.0)

Pero volvamos a nuestra casa europea. Cuando se fundó la UE se quería evitar otras guerras como la que desangraron el continente, la 1ª y la 2ª. El horror dio paso a una idea de unión, para evitar males mayores. No a una competición que condujera a un enfrentamiento, pues se quiso hacer valer la idea de que la unión hacía la fuerza. Los padres fundadores lo tuvieron claro, pero eran otros tiempos, con otras circunstancias y otra historia ya lejana. La Unión está en crisis, no solo por la diferencia entre los países que a día de hoy la integran, también por la falta de definición de un proyecto que les viene grande, pues los grandes estadistas parecen estar en extinción. Ahora es el momento de o bien estar a la altura, o bien hundirse definitivamente. Ahora es la hora de ver si Europa es capaz de seguir creyendo, o sus debilidades internas la hunden.

Y para terminar, no olvidemos la incierta situación de España a nivel político. Se avecina marejada por el Cantábrico, y es necesario que salga quien salga presidente, sepa bailar con la más fea, pues a los problemas que ya había, se añaden nuevos problemas agregados al nuevo escenario.

Lo que empezó como un populismo contra la inmigración ha desembocado en lo que hoy tenemos y dos años son los que el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea da para regular todo tipo de aspectos relacionado con la salida de un miembro de la unión. Un mecanismo que se activará ahora por primera vez y que nunca antes se ha llevado a cabo. No es fácil saber qué pasará, pero sí es fácil deducir que ahora la incertidumbre contagiará todos los ámbitos y aspectos del mundo globalizado en el que vivimos. Toca espabilar, y prepararse para lo desconocido, y a ser posible, siendo más fuertes y obviando las desavenencias internas. El tiempo dirá, pues el plan B no existe.

Lorena Gómez Arroyo

 

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