Maestro

Amonsanmac

Maestro

Maestro:

“Persona que enseña, que forma especialmente. Aquella de la que se reciben enseñanzas muy valiosas”.

Hace muchos años un matrimonio de profesores vivía en un pueblecito de la provincia de Cuenca llamado Tarancón. Cada día acudían a su escuela niños de diferentes edades, que como era habitual por aquel entonces, estaban juntos en la misma clase. Allí, don Pablo y doña Germe, con infinita paciencia, iban por los pupitres, de uno en uno, corrigiendo sus errores y nutriendo sus carencias.

“Vamos, mete la letra dentro de los renglones, como si fuera un pajarito que está en una jaulita, para que no se escape”.

“Toma este libro, creo que te va a gustar. Cuando lo leas, lo comentaremos, a ver qué te ha parecido”.

“A ver fulanito, recítanos el poema que te tenías que aprender. Sí, el de Espronceda – Con cien cañones por banda…”

“Menganito, ¿has traído la redacción que te mandamos el viernes? No, así no, en ese problema primero hay que despejar la equis…”

Los profesores casi siempre estaban en el colegio, pues vivían allí. Nunca tenían prisa. Algunas tardes preparaban meriendas para invitar a las familias añadiendo a su inmensa labor, funciones de psicología y de asistencia social. Cuántas veces a deshora nos pasábamos por la escuela simplemente para charlar con ellos y pedirles consejo.

Don Pablo y doña Germelina Delgado estuvieron educando a varias generaciones hasta el fin de sus días. Aún hoy, se les recuerda por su sabiduría y su bondad. ¡Qué valioso es tener un buen maestro, sobre todo durante los primeros años de la vida!

Muchos grandes nombres de la historia han reconocido la importancia que han tenido en ellos, sus educadores. En varias biografías se puede leer: “He llegado a donde estoy porque tuve la suerte de tener unos profesores notables”. ¿Os imagináis a Aristóteles, maestro de Alejandro Magno? ¿A Miguel de Cervantes aprendiendo de López de Hoyos?

Dicen que una maestra influyó en varios relatos de Julio Verne, pues a menudo le narraba aventuras de su marido, que era marinero. A John Ruskin, profesor de Oscar Wilde… a Haydn enseñando a Beethoven…

¿Y qué maestros tendrían Dante, Shakespeare, Goethe, Tolstoi, Mark Twain, Saint Exupery, las Brönte, Tolkien? En algunos de estos genios el primer maestro fue su padre. Porque un buen maestro es también un poco como un padre.

Al buen maestro le deben de gustar los niños. Debe de tener vocación para la educación. Tiene que ser un buen pedagogo y estar siempre en continuo reciclaje. Un maestro que no imponga sus enseñanzas, si no que te haga reflexionar, que te haga buscarlas a ti.

“La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón” (Howard G. Hendricks).

El sistema educativo no puede consentir que haya personas que se meten a maestros porque no encuentran trabajo en sus carreras (ingenieros, filólogos, historiadores…), que desconocen cómo trasmitir sus conocimientos, e incluso les molesta estar cerca de los niños.

¡Cuántos de estos sujetos se han cruzado por nuestras vidas, contribuyendo al fracaso escolar! ¡Cuántas inclinaciones malogradas!

Es necesario revisar el sistema educativo para que la trasmisión de conocimientos sea impartida por los mejores educadores. Sus honorarios examinados; acordes a su preparación y su status reconocido en nuestra sociedad como uno de los más importantes.

¿Qué es lo más esencial que debemos de dejar tras de nosotros? ¿A través de quién se lo estamos haciendo llegar?

Todos deberíamos exigir tener en nuestra educación a un Don Pablo o a una Doña Germe. Aunque bien sé que mis queridos maestros pusieron el listón muy alto.

Amonsanmac

 

2 comentarios

  1. ¡Un artículo enriquecedor!
    Si alguno de nosotros no tuvimos un D.Pablo o una Dña Germem las próximas generaciones si se lo merecen.
    La cita que has escrito merecería estar expuesta en todas las aulas españolas y en muchisimos hogares:
    “La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón”
    ¡Gracias por el post!

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  2. Estoy de acuerdo en líneas generales, se agradece la valoración del trabajo del profesorado, tan denostado últimamente. El tema de la educación es tan fundamental y complejo que se merece la atención y esfuerzo de todas las personas e instituciones implicadas de toda la ciudadanía porque es el pilar de una buena sociedad. Sigo confiando en que llegue el día en que se plantee en serio, lo necesitamos más que nunca.

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