El Genio que habita en tí

Inmaculada Latorre Hernández

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Existe un recoveco en el hombre habitado por un genio que yace escondido en lo más profundo del instinto creativo. Todo un despliegue de medios se ha impuesto a lo largo de la historia para saber de él, de su presencia y de su ausencia, de las proezas que logra cuando se manifiesta en la mente del hombre, donde habita, incitándole a crear hasta alcanzar con sus obras cotas de belleza, nunca antes contempladas.

En la cultura clásica éste genio estaba presente en aquel hombre que trascendía la mera habilidad en el desarrollo de un oficio y se volvía diestro en toda la tarea que acometía en su vida, pues según las mentes griegas, su daimón ya predijo su destino de artista mucho antes de nacer.

En los humanistas del renacimiento, el genio escondido en el hombre, era un don divino otorgado al nacer y puesto al alcance de una adecuada técnica artística hasta transformar a aquel artesano medieval del pasado en un reconocido artista, con autoría de su obra y con capacidad de crear como sólo los dioses pueden hacerlo, a su imagen y semejanza.

Para los manieristas tardíos, todo en el hombre era susceptible de aprenderse y hasta el arte era una destreza más o menos adquirida con constancia y tesón, cultivada para sacar de ella los mejores logros artísticos.

En el arte actual, el genio escondido en todo hombre es fruto de una perfecta comunicación entre el artista que crea la obra, como medio de expresar su arte, y el espectador que la contempla, percibiendo en ella algo que capta su atención y atrapa su entendimiento. La creación, hoy en día, depende de dos genios que interactúan entre sí dentro de ese proceso creativo comenzado por el artista que inicia su obra y terminado por el genio del espectador cuando encuentra en esa obra un significado para su contenido que le lleva más allá de la belleza de sus formas.

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Hoy, el debate sobre el genio del artista o su don continua abierto pero ese pequeño genio escondido que habita en todo hombre incitándole a crear hasta hacer presente lo que sólo existe en su mente, ese pequeño duende que se mueve entre las quimeras de nuestra imaginación concediéndonos el deseo de crearlas, ese don divino, sigue vigente en nosotros. Está ahí, escondido en lo más hondo de aquellos que ni siquiera saben que lo tienen, como un mago clandestino en aquellos creadores anónimos que no gozan de la fama y en todos nosotros, como el gran ausente que se hace presente, tan sólo cuando el hombre es capaz de canalizar toda su acción en ese acto de crear en lugar de destruir elevándose por encima de todas sus circunstancias.

Genio o don, destreza aprendida o heredada, el acto de crear habita en todo hombre que sepa descubrirlo y lo lleve a la práctica comenzando por ese humilde “conócete a ti mismo” para poder dar lo mejor de ti a los demás a través de tu arte…

Y tu… ¿Qué arte tienes guardado, escondido o por descubrir…mi querido lector, mi semejante, mi hermano?

Inmaculada Latorre Hernández – Más artículos de Inmaculada

 

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