El Infierno son los otros y vosotros

Jaime Morillo Caraballo

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A veces es necesario decir las cosas claras y si es posible muy alto, nos sobran los motivos como diría Sabina, aunque el principal a día de hoy es como válvula de escape para mantener algo de cordura o por lo menos para que no nos tomen por tontos. Que en definitiva ya conocemos su juego y tal vez, solo tal vez, sirva de advertencia a aquellos que aún no se han dado cuenta de qué va la historia y del porqué siempre ganas los otros, los que siempre tienen la sartén por el mango.

Y es que después de los últimos golpes de la vida, me siento que no siento quien era, y ahora vivo en un estado constante de duda sobre mí mismo, miedo y temor al mañana; que como el péndulo de Poe cae lentamente pero inexorable aun destino cada vez más absurdo y cruel.

Y me cuesta decir que a día de hoy no tengo la suficiente fuerza de voluntad para escapar de este hoyo en el que me ha metido mucha gente en contra de mi voluntad, los otros en definitiva, y en el que por mi parte yo nunca quise entrar. A veces dudo de que estoy vivo y lo que ahora estoy sintiendo sea una sutil y malvada ilusión de un genio o dios carente de compasión; que todo es un sueño, una matrix o un esperpento.

El Infierno son los otros y vosotros

Durante estos dos años de paro, solo he trabajado cuatro meses y he hecho de todo, menos lo que me gusta para poder salir de ese hoyo. Yo antes tenía mi trabajo que era mi vida, era un trabajo sencillo, cómodo en ciertos aspectos, pero me costó 8 largos y duros años llegar allí. Yo no pedía más a la vida, no necesitaba más, no era codicioso, ni ambicioso, ni tampoco hice el mal a nadie, no me hacía falta pues tenía mi esfuerzo, mi dedicación y mi constancia que prevalecían sobre todas las adversidades que se me presentaban, pero alguien allí arriba o abajo decidió con su dedo ejecutor que yo debía ser expulsado de mi lugar en el mundo y desde ese día he estado siguiendo la bitácora del perdedor, siguiendo ese camino marcado que te lleva a la desesperación, a la marginación o a la nada.

Y qué dos años; me he encontrado realizando los trabajos que nadie en su sano juicio hacía antes de esta crisis; ahora gracias a este sistema que no me deja avanzar formo parte del batallón de los desesperados. Ahora voy por un camino que me ha llevado a reventarme la espalda, a descubrir que mis estudios y mi experiencia no valían para nada, a que mi esfuerzo y constancia ya no sirven para los cánones actuales de los otros, los cuales formulan que los resultados y el beneficio son ante todo, que un trabajador que no tiene subvención alguna no vale y que las personas son números u objetos fácilmente desechables, mientras tanto yo sigo preso en ese laberinto de ratas, en esa carrera, la cual siempre pierdo eligiendo siempre el caballo perdedor o el número equivocado en la ruleta de la vida.

Y es extraño como la gente de verdad, vosotros, ha cambiado por esta crisis; he encontrado gente de toda mala ralea y condición, desde compañeros y jefes que te juzgan desde el primer día, sin darte la oportunidad de progresar, que no te enseñan e incluso torpedean todos los días para que no les quite sus puestos, hasta gente que aprovecha cualquier ocasión para reírse, humillarte y machacarte por tu situación, basándose en un superioridad laboral, moral o intelectual de dudosa procedencia. Pues si la tuvieran no serían así, pues se afanan en hacer al mal cuando con un simple gesto de ayuda o comprensión más que necesario podrían cambiarlo todo. No lo entiendo ¿Qué han hecho con vosotros? ¿Cuál es el porqué de vuestra ceguera? ¿Dónde está el compañerismo de antes? Aquí parece que solo queda la semilla de Caín, dónde está la gente que merece la pena, la mayoría por desgracia en la cola del paro, muerta o peor, desahuciada. Y es que el sistema actual solo busca los resultados, resultados, quieren resultados desde el primer día, sino no vales, fuera, otro con contrato por obra y servicio, no cumples el perfil, llevas dos días y te estás equivocado aun, inadmisible, fuera hay 100 que lo harían mejor que tú, imbécil; miedo y asco en un mundo laboral demasiado corrupto y competitivo para gente simple que solo quiere encontrar de nuevo su sitio. El maquinismo que no cesa, el esfuerzo sin resultados es fracaso gritan desde sus plúmbeos escritorios los otros, el beneficio frente a la personas aúlla al cielo que como bestias sedientas de la sangre del obrero, el cual temeroso por perder su trabajo acepta lo indecible víctima en el fondo de un capitalismo demasiado inhumano para poder amarlo o entenderlo de manera racional.

Pero lo más triste de estos obreros, es que aquellos que debían poner freno a ese maquinismo son los primeros en creer esas mentiras formuladas por los otros y sus medios, en aceptarlas, en tolerarlas como algo normal y hacerlas suyas para después aplicarlas a diario entre sus compañeros creando a la larga un credo infame que los convierten en esclavos sin saberlo, en partes de la gran máquina que los domina y oprime, en una infección de pensamiento y alma que a día de hoy no tiene solución.

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Además de esto están las entrevistas de trabajo, donde te juegas tu futuro por una sola palabra mal dicha, por un gesto o por una simple mirada, donde te preguntan hasta el color de tu alma y olor de tu piel. Los ejemplos son muchos y terribles, como el día que me enfrenté a una entrevista en la que pedían un guarda de parking que limpiara, supiera de bricolaje, vigilara, atendiera a los clientes y que además supiera ingles, francés o alemán; esto último fue determinante para volverme a mandar al hoyo. En otras que trabajé gratis diez días, en otras pruebas psicotécnicas para operario de limpieza y así círculos entre los círculos en un camino que lleva a ninguna parte y a ningún lugar. Siempre lo mismo y uno gastando dinero en formación para ese mañana que no llega, en gasolina buscando, pidiendo ese trabajo que te salve para después una vez más, otra entrevista en donde te dicen “usted no cumple con el perfil profesional”, que “está descartado”, que “el proceso cerrado”, que “está pendiente de evaluar indefinidamente”. Y detrás de esos estados en una página web hay en definitiva una esperanza, una historia, una vida que los otros y vosotros estáis matando poco a poco.

Y en verdad nadie ayuda, las administraciones permanecen en silencio, ofreciendo puestos de trabajo ficticios, bolsas de empleo que en verdad no existen, promesas hechas de sueños que te obligan a gastar más de 20 € en fotocopias, para que después un funcionario te diga que no has rellenado correctamente el formulario XY- 1 o que te diga en la cara que hasta que no entren los 300 que despidieron no se hará nada y que tú, por no ser hijo de o amigo estás el último de la lista. Que simplemente has perdido tu tiempo y dinero en una carrera que antes ya habían ganado otros; el sacro santo enchufe que rige los destinos laborales en nuestra turbia Jerez de los parados. Mientras los sindicatos, duermen entre mariscadas y liberados que llevan 15 años sin trabajar, no hay salvación para el humilde y solitario trabajador; sus amos se lo impiden, con cadenas hechas de subvención apresan a una fuerza que alguna vez fue útil solidaria y equitativa, y ahora más que necesaria. La lucha es a día de hoy una manifestación iracunda y esperpéntica que no lleva a nada, que no sirve para nada, salvo mostrar brevemente el grito irredento de algún que otro trabajador desempleado intentando cambiar su futuro en esa manifestación, aunque ese futuro ya fue vendido anteriormente a precio de saldo hace ya mucho tiempo, por los mismos que te sacan a pasear ese día.

Y es que no hay duda de que el infierno son los otros y todos vosotros pues permitís todo esto, lo toleráis y os regodeáis en él; sois los mismos de siempre, aquellos que alababan al César, echaban flores a Hitler, aquellos que cuando llegue el momento votaréis de nuevo a Trump o a Rajoy. Sois en definitiva los que matasteis el ayer, el hoy y el mañana por vuestros actos, por vuestras decisiones o por vuestras inacciones. Todo ello mientras os creéis que estáis en la cima de vuestro reino de mentiras o en la confortable seguridad que os venden las pantallas de televisión. El 15M fue vuestro momento y lo dejasteis pasar, os pudo la diferencia, el dogmatismo, el orgullo, os pudo las litronas, los porros, os pudo los debates que no largos debates que llevaban a nada, os pudo la manipulación de los medios, os pudo la vergüenza y la indecencia de no seguir hacia adelante, vuestro el cainismo propio de este país de Rinconete y Cortadillo.

Termino con mis disertaciones, con mis probables locuras insomnes, con mi el alma ya echa un rescoldo de carbón, ennegrecida por tanta miseria, por tanto silencio que viene desde arriba; vuelvo a la lucha por mi vida, buscando de nuevo mi lugar, mi destino, rogando para que llegue algo que cambie mi vida, ese golpe de suerte necesario y fortuito que me alce de ese hoyo, suplicando por esa mano amiga que me levante, por esa oportunidad de volver a ser el hombre que alguna vez fui. Luz, luz, no más penas ni tristezas, solo quiero volver a ver la luz, ser luz, solo una vez más ser ese hombre y dejar así de ser sombra, ruina y fatalidad que anda incólume por la ciudad.

Jaime Morillo Caraballo

 

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