La furia Pokémon golpea nuestra realidad (Parte I)

Jaime Morillo Caraballo

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“Será como aquella canción de los años 80, seré como el tipo que algún día fui”.

(Los piratas)

Dos meses para escribir un artículo, pero qué dos meses, en este tiempo mi cordura y mi paciencia han sido puestas a prueba a diario con catastróficos resultados para mi persona y ahora, mientras escribo estas palabras, intento aún mantener lo poco que queda de ambas en su sitio, aquí dentro de mi cabeza, pero tal vez sea demasiado tarde, y en cualquier momento haga algo, diga o piense algo atroz e inmundo que destruya definitivamente lo poco que me queda de mis convicciones sociales, y ahora me pregunto entre delirios relampagueantes; ¿Cómo llegamos a esto?

Si la memoria no me falla todo empezó con una llamada de teléfono en una calurosa y seca tarde de Julio. El teléfono se derramó indecorosamente por la habitación mientras que yo, presa de una agitación inusual por una nueva entrevista de trabajo, procedía a buscarlo entre montones de libros y currículos que había sobre la mesa. Y es que el teléfono se ha vuelto en estos dos últimos años una herramienta y compañero de mi desdicha, todo lo bueno y lo malo de mí ahora procede casi siempre de una llamada y es lógico ponerse nervioso, sobre todo cuando no conoces el número, ya que tal vez sea la oportunidad que estás esperando; aquella que te salve, que te devuelva a la senda de la que jamás te tuvieron que echar:

Si, diga ¿Quién es? – Pregunté con cierto nerviosismo esperando oír la mecánica voz desprovista de emociones de un encargado de recursos humanos.

Hola, soy yo Neko Dani, tengo una exclusiva que tal vez pueda interesarte.

Dime – Respondí lacónicamente y decepcionado, ya que tanto la voz como la persona me resultaban familiares de una entrevista hecha ya hace algún tiempo, en otras circunstancias y quizás en otra vida.

Oye, ha salido el Pokémon Go tío y lo voy a probar con el Carlos; ¿puedes hacerme el favor de ir a recogerlo y os venís para mi casa? os estaré esperando, tengo latas de Pepsi fresquitas – Hablaba atropellada y rápidamente como un niño en una mañana de navidad, se le notaba un entusiasmo inusitado, impropio para una persona de su edad, pero tal vez el Rubius estará igual así que lo dejé pasar, por el momento.

Tras una conversación casi unipersonal por su parte, colgó el teléfono dejándome con cierta estupefacción y perplejidad por lo ocurrido, así que lo único que quedaba era ordenar mis pensamientos e impresiones, intentado entender dónde me estaba metiendo y realizar un plan lógico sobre las acciones a tratar en esa tarde de Julio. De repente y sin sobre aviso, un pensamiento cuántico, impropio del momento y venido de ninguna parte, relampagueó en mi mente súbitamente; era una de las peores frases que uno podía escuchar.

La hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales. Afirmación – apertura.

Esto era en definitiva el culmen de la intelectualidad española del siglo XXI, que había sufrido un retroceso brutal en los últimos años, y es que el problema de ésta es que dejó de existir como tal; el verdadero intelectual español desapareció en parte por una guerra civil bárbara y en parte por el expolio de nuestra cultura y libertad por parte de los grandes periódicos y editoriales, los cuales sostienen en sus brazos a los pocos remantes de una intelectualidad abocada ya al fracaso ideológico o al plato de sálvame. El intelectual español de ahora es columnista o blogger y permanece preso de la ideología política; el patinazo libertario o el fogonazo de lo políticamente incorrecto se paga caro pues como esclavo, se debe a sus amos; ya no hay lugar para gente como Alberti, Valle Inclán o Machado. El escritor de hoy es un preso de las tecnologías, de las opiniones de la mayoría rumiante y de la política desvergonzada y contra eso, no hay salvación posible en nuestra piel de toro. Cada día que pasa la verdadera y justa libertad de expresión desaparece de nuestro vocabulario, mentes y corazones como una espesa sombra que poco a poco está envolviendo esta sociedad.

Pensamientos brumosos como éste me sacudían e inundaban desde hacía ya algún tiempo, ya que poco a poco me iba acercando cada día que pasaba al abismo de mi propia realidad, haciéndome sentir ajeno a todo y a todos, pensamientos brumosos ciertamente, tal vez, pero reales y sinceros. En estos momentos un hastío infinito se había anclado en mi interior así que mientras me vestía, la calle ardía como magnesio al rojo vivo y yo debía cruzarla, y es que no podía excederme en mi presupuesto de gasolina ya que dentro de unos días debía ir a una entrevista para un trabajo a un lugar muy lejano y tenía que tener la seguridad de que por lo menos, podía ir y con algo de suerte volver.

Pero ahora hablemos un momento de los Pokémons; yo conocía lo que eran los Pokémons, ¿quién no los conocía?; Era parte fundamental de la infancia de los últimos 20 años, aunque yo por razones de dramatismo y acción reconozco que era más de Digimon. Me acerqué el ordenador el cual rumiaba paciente en la penumbra de mi cuarto, pues el calor y la falta de aire acondicionando me obligaba a tener todas las persianas bajadas, y busqué lo de Pokémon Go por la red. Resulta que un videojuego para móviles que aunaba la tecnología de los GPS y de la cámara para dar la sensación de que uno podía cazar Pokémons en la vida real. Ya había salido una beta australiana, la cual rápidamente se pirateó e inundó las redes sociales con más de 9 millones de descargas nada más el primer día. Por lo que parecería ser todo tenía el cariz de ser un fenómeno mundial, ya que en 48 horas desde su aparición, había habido dos muertos, uno por caerse por un puente y otro por meterse en un barrio chungo, además estaba la historia de que una chica había encontrado un cadáver o la de la policía, que ya había detenido a gente por cometer infracciones graves mientras jugaban con la aplicación. ¿Estábamos ante una apocalipsis friki de terribles consecuencias para la economía y la sociedad en sí?

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Salí a la calle y me dispuse a recoger a Carlos. El viento ardía y secaba la piel, era el desierto en la ciudad, todo silencio, ni un alma, ni un ruido, salvo algún coche ocasional que perturbaba esa atmósfera de quietud y soledad que hacía parecer que la ciudad se hallaba suspendida en el tiempo. Y es curioso que siempre en esos momentos cuando el corazón de la ciudad duerme, yo me siento entre sus calles como un peregrino, como un extranjero de sí mismo, como un penitente eterno, como aquel hombre que espera eternamente a Godot y recorre a esta ciudad buscando algo que jamás podré encontrar, ni nombrar. Así que tras andar unos 30 minutos al sol llegué a la residencia de Carlos, al cual cuando bajó no le hizo mucha gracia la idea de andar hasta la otra punta de la ciudad con aquel infierno sobre nuestras cabezas, pero yo tenía mis motivos, los cuales expuse rápidamente, en una síntesis perfecta de paranoia y absurdez llevada límites insospechados:

Andar salvará tu alma, estamos ante un viaje místico de infinitas posibilidades.

Carlos, cuya gordura y dejadez eran considerables, como ser que cobra solo por existir, me miró de arriba abajo extrañado por la frase que le había soltado y como es lógico, al ser un maldito pecador e irredento, además de un analfabeto funcional, el cual nunca había cogido un libro en su vida, no entendía mis razonamientos por simples o metafísicos que fueran, así que empezó a soltar una andanada de quejas propias de un niño de 10 años:

¿Qué has fumado? ¿estás tonto? yo no me muevo, que calor, bla bla bla…

Tras escuchar sus quejas y vacilaciones durante unos 10 minutos que se me hicieron eternos eché a andar, dejándole, pues no tenía tiempo para tratar con gente subvencionada. Al rato el procedió a seguirme, ya que no tenía ninguna opción desde el principio, así que andamos un buen rato, cruzamos la Plata, el parque la unión hasta llegar al Almendral, aunque durante todo el camino hubo una conversación de carácter cíclico que aquí expondré como muestra de la locura recurrente a la que me veía expuesto:

Carlos: ¿Te vas a bajar el Pokémon Go?

Narrador: No.

Carlos: ¿Por qué?

Narrador: Porque no quiero.

Carlos: Te vas a quedar solo, todo el mundo lo tendrá, es el futuro, el futuro está aquí, dame un motivo.

Narrador: Tengo 33 años y el escroto como una bolsa de cuero.

Carlos: ¿Qué?

Narrador: ¡Qué tengo los huevos muy negros!

Y así cada 5 o 10 minutos, le preguntaba algo complicado, propio de Jodorosky, solo para que pensara en otra cosa y hubiera algo de silencio en el ambiente. Llegamos al Almendral y rápidamente fuimos a un *ChochoSpin a comprar latas de Pepsi a 50 céntimos, curiosamente Nekodani también estaba ahí. Tras ese fortuito encuentro le comenté que iba a observarlo para escribir un artículo en donde recogería todas mis impresiones sobre dos personas jugando al Pokémon Go. A él no le parecía mala idea así que desde ese momento procedí a tomar notas afanosamente y a comprobar el alcance de esta moda de forma indirecta, como espectador y si era posible del modo más anticientífico y asocial que pudiera haber, preferiblemente borracho si la cosa se terciaba, ¿por qué? solamente y nada más que por principios.

Mientras pagaba mi lata, Dani me comentó las premisas en las que se basaba el juego, como todo sistema éste tenía unas reglas que aquí resumiré en una lista para los no iniciados y para que los actos de este relato queden plenamente justificados, todo muy legal, garantía plena, no hay reembolsos señor juez:

Se cogía experiencia andando y capturando Pokémon.

  1. Cada cierto tiempo había algo llamado Pokeparadas, las cuales te regalaban objetos.
  2. Había gimnasios en donde dejaban tus bichos para defenderlos o conquistarlos según el color de tu facción. Hay tres equipos.
  3. El juego funcionaba casi sin internet salvo para que te aparecieran los Pokémon, ahí chupaba datos de lo lindo.

Así que dicho todo esto nos pusimos a andar entre las calles del barrio pijo. Carlos y Nekodani avanzaban mirando absortos la pantalla sin que nada les distrajera. Su concentración alcanzaba estados propios de la iluminación de algunos budas, temía que por momentos alguno de ellos empezara a levitar, sin embargo algo siniestro pasó y poco a poco la conversación humana y fluida que habíamos tenido hasta hace unos instantes se estaba apagando paulatinamente e iba derivando a un absurdo silencio, pues toda la atención de pensamientos y palabras de ambos era retenida por el móvil. Un silencio lo invadió todo y entonces de repente y abruptamente empezaron a pasar cosas, como siempre los extraños acontecimientos se desbordaban y procedían a salpicar la realidad para demostrarme que todos seguimos un extraño plan que nos lleva irremediablemente hacia… sigue leyendo: La furia Pokémon golpea nuestra realidad (Parte II).

En Jerez de la Frontera, 4 de Septiembre de 2016

Absurdamente vuestro.

Jaime Morillo Caraballo

*Chochospín: Típico negocio de barrio que suele abrir los 7 días de la semana, en el que puedes encontrar desde tabaco de contrabando, cervezas, material de limpieza, pipas o un bocadillo de dudosa sanidad que te preparan en la trastienda. Tienen la ventaja de que siempre están abiertos y suelen sacarte de más de un apuro. El nombre se lo dió Antonio Melero, uno de los más famosos alumnos del colegio del Lora Tamayo. El término se hizo popular y ahora es muy común en Jerez.

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