La furia Pokémon golpea nuestra realidad (Parte III)

Jaime Morillo Caraballo

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… continuación de La furia Pokémon golpea nuestra realidad (Parte II).

Horas más tarde estaba en mi coche recogiendo a Dani y a Carlos, el cual se había sumado por iniciativa propia y sin invitación, cosa a la que ya nos tenía acostumbrados. Días antes había tenido que mediar en una pelea entre él y su tía, ya que debido a su supuesta enfermedad jamás había tenido móvil y ahora quería tener uno para hacer el gilip… con el resto de la manada que crecía más día tras día; en el fondo era un buen plan, sin fisuras: el loco se uniría a los locos, sin embargo su tía, no se sabe si por falta de conocimientos tecnológicos o por simple avaricia, le había traído uno de esos móviles que hace dos o tres años regalaban por la compra de un paquete de tabaco, la cuestión fue divertida, sobre todo por la cara que puso cuando vio aquel churro tecnológico propio de tiempos mejores, sin embargo tras esa fuerte decepción le dio uno de sus ataques de locura y se puso algo violento con sus semejantes por lo que tuvimos que calmarlo. Dani utilizó palabras suaves sin resultado alguno y yo un derechazo propio de Sugar Ray Robison, el cual fue más efectivo que toda la psicología clínica del momento. Tras este especulo decadente y animalista tuve que hablar con su tía en términos muy serios, la cual acabó convencida de gastarse unos 200 euros en un móvil, ya que le prometimos que le pondríamos una aplicación para que ella siempre supiera donde estaba Carlos, así que accedió a sacar dinero de la paga de éste para comprarlo en ese mismo instante. Esa noche y tras comprar el dichoso móvil en un Carrefour cercano, Carlos nos invitó a una pizza y todo quedó resuelto de manera favorable, e incluso se había olvidado de que le había tumbado de un derechazo en la mandíbula hace tan solos unas pocas horas. Así tras todo lo acontecido íbamos a la laguna Torrox para que estos dos fueran a cazar Pokémons.

Cuando llegamos allí había frescura en el ambiente y el sol caía lentamente, un aire sensual me empujaba a bailar, a beber y a disfrutar de la vida; parecía una de esas tardes en la que puede pasar de todo mientras tengas una lata de cerveza fría en la mano y una actitud adecuada. Mientras tanto cientos de personas pasaban tranquilamente contagiados también del buen tiempo y de las hermosas vibraciones que allí había, todo ello hacía de ese conjunto de sensaciones una bella estampa de irrepetible resultado, la cual se abría generosamente ante todos nosotros, sin embargo ni Carlos ni Dani ni muchos de los que estaban allí la disfrutaban, eran hombres y mujeres con una misión que les alejaba de toda esa belleza inmanente, de ese bello atardecer… la caza de Pokémons.

Ahí estaban, como ya era habitual mirando la pantallas de sus móviles sin ver, ni oír, ni hablar, ni disfrutar lo que tenía alrededor suya, solo silencio interrumpido ocasionalmente por algún que otro nombre de Pokémon estrafalario. La situación me contrariaba mucho puesto que llevaba ya varios días viendo y haciendo lo mismo una y otra vez en un ciclo sin fin que no llevaba a ningún lugar. Lo que me parecía un buen articulo al principio se había acabado convertido en un desastre monótono y monotemático. Yo ya no podía entender como este juego se podía considerar divertido, pues te alejaba de las cosas reales, las que de verdad importan.

La furia Pokémon golpea nuestra triste realidad parte III

Aunque estas opiniones me las guardé por el momento y decidí no armar un espectáculo ya que los locos me tomarían por loco y yo, a diferencia de ellos, sabía que estaba realmente loco por lo que al reconocer mi propia locura era el único cuerdo que allí había, bueno yo y una pareja en la flor de la vida que se besaba apasionadamente en un banquito bajo ese bello atardecer. ¿Pero estaba realmente loco? ¿O cuerdo?, ¿Había sido consciente en algún momento de mi vida de mi propia cordura? ¿Acaso era el dios Lono?

Pero por desgracia esas cuestiones carecían de importancia en aquel instante, así que por todo ello, estuvimos dando vueltas durante tres horas y cada cierto tiempo se nos acercaba alguien a preguntar de qué equipo éramos o si habíamos pillado un bicho de clase tal o cual, aunque con el paso del tiempo todo el asunto de los equipos rojo, azul y amarillo se desmadró y acabó como suele acabar todas las cosas en España; en odios y envidias entre gente meramente estúpida que se pelea por un equipo de futbol, un partido político o como en este caso, por una facción en un videojuego. El tiempo de luchar por cosas como la justicia y todo lo bueno había pasado de moda a día de hoy, sin embargo días más tarde y en ese mismo lugar, vi una pelea entre 15 personas de diferentes equipos que querían monopolizar una parte del parque como su coto privado de caza. A todas luces ridículo para alguien con dos dedos de frente.

Seguimos con nuestro periplo y como ya he comentado, este viaje de magnificas posibilidades hacía tiempo que había muerto presa del aburrimiento y la incomunicación, sin embargo aún me esperaban ciertas sorpresas ya que a partir de esa misma tarde empecé a tener contactos con gente que en el fondo no quería conocer, ni saber nada de ella. Hubo un montón de extraños encuentros que por razones de tiempo y ética no pienso contar. Aunque contaré el más aberrante, cuando se nos acercó un hombre de unos 60 años con aspecto de pederasta encubierto y nos empezó a hablar de todos los Gyarados que tenía. La verdad es que el tipo me daba cierta mala espina y no me parecía lógico ni sensato que una persona de su edad se nos acercara por motivos tan fútiles y vanos como enseñarnos su colección de bichos, además la actitud y su forma de ser hacía que saltaran todas las alarmas e intenté alejarme de dicho sujeto pero ya era tarde, ya que tanto Carlos como Dani estuvieron un buen rato con él, hablando y siguiéndole el juego, hasta que aparecieron en escena unos niños y el viejo se fue a hablar con ellos. Tras este encuentro me di cuenta de que Carlos y Dani mostraban una inclinación casi suicida a la confraternización, ya que tenían la total predisposición a hablar con totales desconocidos bajo la absurda premisa de que si eran entrenadores Pokémon por fuerza debían ser buenas personas, un credo anómalo y grotesco que más tarde me llevaría a tener ciertos problemas de los que como ya he dicho no hablare por motivos de tiempo y ética; y porque en definitiva hay cosas en esta vida que es mejor olvidar.

Después de este encuentro estuvimos una hora más dando vueltas hasta que oscureció, sin embargo ellos como de costumbre solo veían lo que tenían delante de sus pantallas y querían seguir hasta el infinito o el hartazgo. Yo por mi parte estaba cansado físicamente y moralmente, tanta incomunicación me dejaba destrozado y trastornado, necesitaba una cerveza fría ya, así que tuve que convencerles de que volveríamos otro día para poder salir de allí. Además ellos no eran conscientes del peligro que tenía este sitio por las noches, pues a esas horas empiezan a aparecer los mendigos que no han podido conseguir una cama en el albergue y que utilizan los canales secos y túneles como refugios. Algunos están ahí por haber sido expulsados por violentos y otros simplemente no conocen otro sitio al que llamar hogar, además creen que es su territorio, así que por razones más que evidentes no había razón alguna para que me jugara ni mi cartera ni mi vida por dos santos inocentes, los cuales mostraban sus móviles de 200€ a la cara de gente que seguramente no había comido caliente en meses.

Después de esta sórdida desventura, hay un parón largo ya que como viene siendo costumbre, fui arrojado a varios círculos dantescos que me sumieron en una espiral de ansiedad y miedo. Lo pasé mal, me pasaron cosas malas y me refugié en pensamientos oscuros por lo que además tomé decisiones desesperadas que me llevaron a más cosas malas. Estaba roto, vacío por dentro, si alguien me hubiera soplado un poco me habría hecho añicos. En ese mismo instante era a los ojos de mis semejantes un personaje de una novela Bukowski deambulando con la mirada perdida en una ciudad que lo rechazaba y de la cual no podía escapar. Durante todo ese tiempo gané y perdí otro trabajo, renové el carnet de carretilla, apunto estuve de irme a una provincia a empezar una nueva vida y en un último instante encontré otro trabajo que me daba miedo pues no sabía si sería capaz de estar a la altura puesto que el último fracaso me había dejado en un mar de dudas. La inquietud y la desesperación se habían convertido en mi estado natural, hacía ya mucho tiempo que no dormía bien pues muchas noches me despertaba angustiado y sudoroso pensando en el terrible mañana.

Sin embargo y a pesar de todas mis desdichas y tribulaciones a mis amigos lo que realmente le importaba en esos momentos era la caza del Pokémon, mi desdicha podría esperar, su hobby de todas las tardes se podía resumir en estar en un sitio callados, sin decir nada, casi sin moverse, mientras miraban perennemente su mundo virtual durante horas, esperando a que los Pokémons fueran a ellos. Esto era lo único que habían hecho en las últimas seis semanas de rigurosa y sesuda observación; como la canción de los piratas años 80 viviendo un verano muerto viendo a las chicas pasar.

Y yo en ese mismo instante necesitaba compañía, pues la soledad y el fracaso me inducían, como ya he dicho, a pensamientos funestos y oscuros, así que decidí seguir con esta rutina por insana que me pareciese pues la soledad me parecía mucho peor. Durante muchas tardes me moví en un cuadrilátero que englobaba el parque del retiro, el mamelón, el jardín escénico y la laguna Torrox. En el Retiro conocimos a gente diversa que se hicieron amigos de Carlos y Dani, sin embargo todo este tipo de amistades forjadas a expensas de un videojuego me parecían artificiales y extrañas, pues carecían de cosas tan necesarias como la empatía, la conversación y contacto humanos. Lo único que les unía era el objetivo común de hacerse con todos. Seguí así durante dos semanas más, con esta rutina, evitando pensar durante todo ese tiempo, sin embargo eso era difícil ya que una idea poco a poco se estaba abriendo paso como un gusano dentro de mí, en el fondo era la simple verdad revelada; de que esto no era vida, ni modo de vivirla… sigue leyendo: La furia Pokémon golpea nuestra realidad (Parte IV)

En Jerez de la Frontera, 4 de Septiembre de 2016

Absurdamente vuestro.

Jaime Morillo Caraballo

 

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