Machismo

Anabel S.

Machismo

¡Seguimos en un mundo machista!

No importa que ya estemos en el siglo XXI, la mentalidad del mundo sigue encasillando la dignidad de la mujer a parecer, más que ser, una buena chica.

¿Y en qué consiste esto de ser buena chica? – Se preguntarán ustedes – Pues ni más ni menos que en no ser vista enrollándote con más de un chico en una misma zona.

No son tópicos, es la realidad… un chico que liga mucho es un “ligón” y una chica que liga mucho es un “putón”.

Y lo que más me enerva es que esta mentalidad no solo sigue imperante en personas mayores, del siglo pasado, ni siquiera en hijos de la libertad sexual, jóvenes de los años 80, no… la historia se repite con un adolescente de 12 años del 2016. ¡Mi hijo!

He educado a mi hijo en valores de igualdad, tanto morales como domésticos. Le he hablado de la sexualidad con responsabilidad, respeto, disfrute, como parte natural y esencial de la vida, que se debe vivir sin complejos pero sin alardeos, salvaguardando la intimidad tanto propia como de la persona con quien comparta sus experiencias sexuales. ¡Vamos, que no ha sido criado en un ambiente machista en el seno de su hogar!

Pues nada… han bastado unos nuevos amigos, empezar a salir más allá del parque infantil y ¡Ala! ¡Machito al mundo!

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Tanto en el colegio, como en el parque, estos adolescentes están en la edad en que ver a un chico de su curso besándose con una de las niñas de clase o del barrio es un titular de primera página que da chismorreo para toda la semana. Los dimes y diretes de quién gusta a quién son uno de los comecocos habituales. Hasta ahora todo normal, pero cuando mi hijo me describió a una niña, de su edad, del barrio, como “furcia” le pedí que me explicara por qué se merecía tal atributo… y aquí va su explicación:

– ¡Es que esa niña se ha acostado ya con medio barrio!

Yo… estupefacta… (imaginando que una niña de 12 años no suele tener ni lugar, ni tiempo, ni arrojo para llegar a relaciones sexuales completas con otro adolescente de su edad y sus mismas condiciones) trato de contener mi ira por tan exagerada y deforme afirmación e insto a mi hijo a reflexionar…

– A ver… este barrio tiene censados 22.461 habitantes… supongamos… que solo 1.000 son adolescentes… la mitad… serían unos 500 jóvenes… ¿de verdad, esa chica, se ha acostado con 500 niños?

– No… bueno… quiero decir… que se ha enrollado con media pandilla…

Yo, con la ira en aumento tanto como la vena a punto de estallar en mi sien, vuelvo a hacer acopio de contención… ante semejante difamación… pues ya hemos rebajado los cargos… de practicar coitos a diestro y siniestro a solamente enrollarse… (que a esas edades, todos hemos pasado por eso, significa dar tus primeros besos en la boca, con más o menos lengua y un poco de manoseo… y pare usted de contar) y disminuído drásticamente la cantidad. Así que intentando que mi hijo recapacite y sea consciente de su exagera versión de los hechos sigo induciéndole a que disminuya su juicio y sus prejuicios.

– Y… ¿cuántos chicos sois en vuestra pandilla? 

– Somos 8 niños 

– Luego… la mitad… son 4… ¿no? – Sentencio con tono esclarecedor y acusador sobre mi hijo, que calla avergonzado por contribuir al bulo y por ser pillado por su madre –.

No pude reprimirme más… y comencé a dictar mi sentencia sobre mi hijo adolescente… para educarlo, e intentar cortar una nueva semilla machista más en este mundo.

– ¡Que sea la última vez que llamas “puta” a una mujer por enrollarse con quién quiera, con quién le dé la gana o con todos los que pueda! Puta es la que cobra dinero por acostarse con alguien y no la que sale con chicos porque así lo desea, decide y puede conseguirlo.

– La adolescencia, la juventud, es una etapa para aprender, conocer, equivocarte, cambiar de opinión y salir un tiempo con un chico, ver que no te gusta, que te gusta más otro, cortar y salir con el que quieras ahora. Es parte de tus derechos y elecciones… ¡No esperarás conocer a la mujer con quien te casarás y ser su novio desde los 12 años! 

– No… claro… 

– Y… si por salir con quién quiera es una fulana… entonces… tus amigos… también lo son… porque hacen lo mismo… ¿no? – mi hijo calla de nuevo porque sabe que a ellos nunca les socaban su imagen o su integridad el tener experiencia sexual… que muy al contrario eleva su palmarés mientras a ella la hunden en el barro por hacer lo mismo… despertar a la vida –.

Como dice la canción… ”la vida sigue igual”. Y no cambiará hasta que lo hagamos nosotros. Yo desde mi pequeño frente lucho contra la tiranía moral, sea cuál sea su ámbito… cambiar el pensamiento es difícil, muy difícil… pero se puede empezar por no permitir frases como ésta tan lejanas a la realidad en cuanto a contenido y tan demoledoras socialmente.

Anabel S.

 

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