Vertumnus el otoño

Inmaculada Latorre Hernández

Vertumnus el otoño

Se acerca el otoño, la época de la caída de las hojas y de melancólica nostalgia para los griegos, pues era el momento en que Perséfone o diosa de la primavera regresaba de nuevo al lado de su esposo Hades, el dios del inframundo, dejando a su pobre madre Deméter, diosa de la naturaleza, sumergida en una profunda tristeza y ésta, como buena reina de la agricultura, arrastraba en su desdicha a la tierra y era así como los campos perdían su verdor, el sol dejaba de acariciar la vida con sus rayos y un frío y oscuro invierno se adentraba en el hombre. Era la despedida de una joven diosa de la primavera, Perséfone, que partía hacia el inerte centro de la tierra donde permanecería hasta la nueva estación de primavera.

Los romanos, más bravos y acostumbrados al cambio de lugar y de costumbres en sus múltiples conquistas, tenían un otoño heredado por la etimología del término etrusco “Vertumnus” al que los romanos llamaron dios Vertumno. Para los etruscos, este dios, personificaba el cambio de las estaciones y la transformación que sufre la vegetación con el paso de las mismas y por ello se le consideró el protector de las plantas, los árboles frutales y los jardines. El Vertumno romano, tenía otro don que le daba el poder de transformarse en todas las formas o cosas que deseara y así se ganó el honor de dios del cambio. Su imagen colgaba del Foro Romano para ser admirada por la gente que se reunía en ese centro neurálgico de las vidas cotidianas. La mitología romana quiso hacer más interesante la vida de Vertumno poniendo a su lado una hermosa compañera, Pomona, la diosa de las frutas y de las huertas. Pomona era todo un efluvio de floración y abundancia de vegetación de la que se ocupaba con gran esmero y cuentan que a ella nunca le gustó el desorden, ni siquiera en esa espontaneidad con la que suele crecer la naturaleza salvaje, y por ello su dedicación estuvo puesta en dejar toda hoja y rama de árbol bien cortada y podada hasta convertir los bosques en vergeles al más puro estilo de los parterres palaciegos.

Vertumnus el otoño

Nuestro otoño lo vivimos con otro sentimiento con más descaro ante esa tristeza griega, un sentir más afín al ajetreo de los nuevos tiempos y en todos los ámbitos se percibe la desaparición de esa época estival donde nos habíamos expandido en cuerpo y alma con el ímpetu de un adolescente que gasta sus vacaciones a destajo exprimiendo el momento más deseado del año donde uno desaparece para volver a aparecer al cabo de los días, quizá más moreno, más sereno o con mejor carácter, y tras el regreso, pasadas unas semanas y casi sin darnos cuenta, todo vuelve poco a poco a la normalidad. Ahora es el sentir romano quien nos acecha cuando el calor del ambiente se vuelve fresco, cuando el día empieza a escasear en horas de luz y el reloj de vacaciones deja de funcionar y se pone en hora con la rutina cotidiana en el mismo minuto que habíamos dejado unos meses atrás. Es el momento del cambio donde nuestro ritmo se acelera, donde todo lo que se había cerrado por vacaciones se vuelve a abrir y el comienzo de actividades, cursos y tareas dan el pistoletazo de salida con sus matrículas abiertas, nuevas propuestas educativas para el año escolar, acopio de manuales DIY y cursos de idiomas en los quioscos.

Si hubiera que definir un momento del año donde uno tiene la sensación de que algo toca a su fin y un cambio se avecina, ese momento sería la estación de otoño. Con las campanadas de año nuevo cerramos el balance del año que ha pasado y allí en el brindis de cotillón se alzan las propuestas de enmienda para el año que comienza con sabor a nuevas oportunidades. Pero el cambio real se siente en otoño cuando Perséfone se va al inframundo llevándose el sol que nos quemaba y Vertumno nos empuja con un cambio de aires hacia un nuevo curso escolar, el comienzo del trabajo y el retorno a la vida cotidiana. La actividad comienza y el don de Vertumno, con ese poder para transformarnos en todas las cosas que deseamos, está aquí. Sólo nos queda hacer el brindis de cotillón del verano que pasó y alzar nuestras propuestas, esta vez a modo de plegarias, para que ese cambio de Vertumno afecte a la especie política que invade el país y podamos comenzar por fin un nuevo año con todos los ministerios activos y trabajando. Y si Pomona puede venir a podarnos unas cuantas ramitas, hojas, enredaderas y maleza que sobra entre esa saga política que paraliza al país, pues mejor que mejor, y así dejamos a España hecha un vergel palaciego, incluso puede que podamos sacar de él hasta frutos. ¡Todo un logro mitológico! para los tiempos que corren.

Inmaculada Latorre Hernández – Más artículos de Inmaculada

 

Un comentario

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