La furia Pokémon golpea nuestra realidad (Parte IV)

Jaime Morillo Caraballo

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… continuación de La furia Pokémon golpea nuestra realidad (Parte III).

Y así poco a poco me fui dando cuenta de que todo estaba mal, además Carlos y Dani aparecían todos los días con gente que no conocía de nada, las cuales casi siempre me perturbaban pues cuando intentaba hablar de lo que me estaba pasando, ellos, los extraños, se metían en medio e incluso opinaban sin conocerme, enarbolando discursos vanos y pretenciosos de los cuales poco o nada se podía sacar en claro. Además para más inri tenía que hacer de taxista para aquellos perfectos desconocidos, gastando gasolina y tiempo en gente que no sabía si merecía la pena.

Todo ello me acabó frustrando más todavía y el detonante hacia el fin fue una tarde a finales de agosto en la laguna Torrox. Allí, mientras estábamos en otra tarde de hastío e insatisfacción me entró una diarrea debido a los nervios y a la medicación que estaba tomando para combatirlos, y así mientras llevaba a cada uno de mis perfectos desconocidos a sus casas terminé por no llegar a tiempo a la mía y para desgracia de mis vecinos acabé soltándolo en el ascensor de mi casa. Esa noche mientras me limpiaba lleno de vergüenza pensé como coño había llegado a esto y en qué me había convertido. Fue una larga noche sin dormir pensando en cómo debía dirigir mi vida, este articulo y demás cuestiones a un punto favorable o por lo menos a un punto más humano.

Sin embargo las circunstancias no me dejaron, éstas me siguieron asfixiando y llevando al límite; dos días más tarde no podía más y mientras intenté explicarle a Dani todo lo que me había estado pensando por la cabeza, ya que tal vez él me pudiera dar alguna guía o un punto de vista diferente pues en mi soledad era la única persona a la que podía recurrir, ya que no quería amargar a mis padres con mis posibles y plausibles desvaríos. Intenté hablar con él, explicarle mis vicisitudes, mis penas e impresiones. Sin embargo todo acabó terriblemente mal pues Carlos, que estaba por ahí, me interrumpió más de 25 veces mientras formulaba mis inquietudes; sus interrupciones bruscas y a destiempo eran para decir que había aparecido un bicho, o quejarse de algún bug u otra tontería por el estilo, su falta de empatía con mi persona era escandalosa, no se daba cuenta de que delante suya había un hombre sufriendo, con dudas, angustiado, y todo esto colmó mi paciencia. Toda le frustración acumulada en los últimos dos meses detonó en un ataque de furia: le acabé gritando que se callara con muy malos modos, impropio de mi persona, después el me gritó e insultó y por todo ello casi acabamos a puñetazos en una concurrida calle de Jerez. Sin embargo me pudo el sentido común y el control y me fui de allí mientras Carlos a sus 30 años me decía que iba a llamar a su tía de 60 años y que ésta me iba a pegar o a denunciar o llamar a los Geos, al Vaticano y a los moteros Furrys de Benidorm. Una locura en su totalidad, una locura que decidí acabar allí y ahora, a partir de esa noche no he vuelto a verlos, ellos tampoco me han llamado y dudo que me llamen, seguirán visitando los mismos sitios, sentados en silencio como estatuas, mirando sus pantallas de cristal, ajenos a todo lo que les rodea, a la calle, a la realidad, a la vida.

Ahora mientras escribo estas palabras miro hacia atrás e intento pensar que gané con toda esa experiencia, y la única conclusión que queda es nada, salvo más peso para mi alma. En definitiva y como opinión personal el Pokémon Go es una de las mayores mentiras jamás creadas por la humanidad. Este juego prometió sacar a los niños y a los no tan niños de sus cuartos, sin embargo a la vista está con toda esta experiencia que el entorno era el mismo, que nada cambió pues la cárcel seguía allí, que el gordo come-doritos cambió la oscuridad de su cuarto por un parque, pero éste aún seguía preso de la tecnología y de los videojuegos, se llamaran como se llamaran, fuera el Pokémon, el World of Warcraft o el Call of Duty. En el fondo seguía siendo un esclavo, un analfabeto emocional y racional, carente de pensamiento crítico y de capacidad de respuesta afectiva-efectiva ante todas las miserias humanas del momento, más preocupado por la última actualización de un juego que por la pobreza infantil de nuestro país o nuestra falta de gobierno o de la inmensa masa de desesperados que recorren nuestras calles. Nada más se puede decir de esto último, a los hechos me remito señor juez.

Termino este relato con el claro convencimiento de que formo parte de una generación expoliada y que se dejó expoliar, que no pudo ni puede evolucionar, ni salvarse del robo físico, económico y espiritual que sufrió por parte de las elites económicas y políticas que dirigen este absurdo hecho país. Yo, como último dinosaurio miro al frente con decepción y fracaso mientras alrededor aquellos que pasaron de reptiles a aves vuelan ya, recuperando sus vidas y formando parte de un nuevo mundo apestoso, cobarde y ruin, en esta era, la de los apáticos y sinvergüenzas. Mientras tanto la juventud y la no tan juventud viven encadenadas en un hedonismo que no les deja avanzar ni pensar, enganchados a jueguecitos, a vicios vacíos o a amontonar títulos para un futuro que no llega, sin saber que la vida y la verdadera libertad se les escapa de las manos, ajenos al sufrimiento de la calle, ajenos a todo salvo ellos mismos, sin embargo, los conscientes, los que seguimos aquí y estamos despiertos somos presos de un sistema que nos falla a diario, que no nos permite avanzar y que nos condena a una vida de desigualdad. Y así la furia Pokémon Golpea nuestra triste realidad, mientras todo arde y nada queda, los tiburones seguirán patrullando estas aguas.

En Jerez de la Frontera, 4 de Septiembre de 2016

Absurdamente vuestro.

Jaime Morillo Caraballo

 

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