El ruido: ¿un problema menor?

Virginia García Franco
El ruido: ¿un problema menor?
Imagen: barrera acústica

Hace unas semanas leí que España es el segundo país más ruidoso del mundo según la National Academy of Sciences Report, justo por detrás de Japón. Un dato que me resulta curioso ahora más que nunca por el cambio de estación y la alteración que eso supone para nuestras actividades cotidianas. Por ejemplo, la mayoría de las terrazas veraniegas desaparecen de nuestras calles con la disminución de ruido que eso conlleva para los vecinos que más o menos las toleran. Del mismo modo, al pasar más tiempo dentro de casa, la población no realiza actividades al aire libre como charlar con las vecinas o jugar a la pelota, en el caso de los niños, que son actividades que ponen a prueba nuestra capacidad de concentración. ¿Han intentado alguna vez leer un libro en verano con todas las ventanas abiertas por el insoportable calor, y oír de fondo a las vecinas mantener una conversación en la calle? Puede acabar con la paciencia de muchos, se lo digo yo.

Pero volvamos al tema. La OMS (Organización Mundial de la Salud) advierte que la contaminación acústica tiene unas consecuencias perjudiciales para la salud. Se ha observado que un nivel de decibelios superior a 55 dB durante el día resulta dañino (OMS) y la exposición diaria supera con creces este nivel de presión acústica. Por ejemplo, un aspirador genera 65 dB. Una calle con mucho tráfico alcanza los 75 dB. El despertador o la televisión a un volumen elevado pueden llegar a los 75 dB, igual que una lavadora, el teléfono móvil o una batidora. La exposición a un ruido excesivo puede provocar afonía, dolor de cabeza, irritabilidad, dificultades en el lenguaje, alteraciones en el sueño y problemas de sociabilidad, de acuerdo con diversos estudios realizados por la National Academy of Sciences Report.

Según Ecologistas en Acción, la contaminación acústica se define como la presencia en el ambiente de ruidos o vibraciones, cualquiera que sea el emisor acústico que los origine, que impliquen molestia, riesgo o daño para las personas, para el desarrollo de sus actividades o para los bienes de cualquier naturaleza, o que causen efectos significativos sobre el medio ambiente. En España, los primeros que desarrollaron ordenanzas contra el ruido fueron los Ayuntamientos. Posteriormente, algunas Comunidades Autónomas promulgaron leyes para que sirvieran de marco general. Finalmente, el Gobierno se vio obligado a unificar una legislación caótica siguiendo además directivas de la Unión Europea (Directiva sobre Ruido Ambiental 2002/49/CE), dando como resultado una norma que requiere a los países localizar las zonas de alta contaminación acústica y reducir sus niveles, sin especificar valores límite.

No obstante, y según la organización en favor del ecologismo social, la principal causa de la contaminación acústica en las ciudades es el tráfico rodado. Sin embargo, las diferentes normativas y leyes siguen sin centrarse en la línea de la movilidad sostenible: fomento del uso de la bicicleta, aparcamientos disuasorios, disminución de la velocidad en zonas residenciales o cercanas a hospitales o centros educativos… y anteponen otras como el control del ocio nocturno, que son puntuales y localizadas en zonas muy concretas.

El ruido tiene un impacto importante en la salud de las personas, especialmente en las ciudades. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, el riesgo para la salud a medio plazo causado por el ruido es muy superior a los del tabaquismo pasivo y la contaminación de aire por ozono y partículas. Tanto es así que el ayuntamiento de Móstoles ha multado a la iglesia más antigua del pueblo (siglo XII) por superar los decibelios permitidos por la normativa municipal. El Ayuntamiento ha abierto un expediente sancionador (en fase de alegaciones) que supone una sanción de 16.000 euros, mientras que otros dos templos del pueblo están siendo investigados por el mismo motivo. El edil de Urbanismo sostiene que no se trata de ninguna persecución a la Iglesia, sino al ruido. El párroco replica que se llevan tocando toda la vida. Y mientras, los vecinos se siguen quejando por el ruido. Así están las cosas.

Virginia García Franco

 

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