The Last Dinasour: Adiós a mis antiguos barrios, adiós

Jaime Morillo Caraballo

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“Forjara mi destino las piedras del camino lo que nos es querido siempre queda atrás”.

Nino Bravo (Un beso y una flor).

Qué mantiene de pie a un hombre débil ante la fatalidad de un triste sino; esta noche y en mi caso, más de un litro de cerveza, mañana tal vez una resaca espelúznate, pero ahora que la amarga cerveza corre aún por mis venas me vienen los recuerdos del ayer, de los buenos tiempos, de cuando todo era bueno, justo y correcto; y hoy como cualquier día es bueno para compartirlo con todos vosotros. ¿Por qué no? Ahora que la nostalgia florece a estas oscuras horas como una la dama de noche y el hastío de vivir se haya arrullado por una buena y fría rubia o por lo menos, así debe ser.

Y es que cuando te das cuenta de que no hay ni tienes futuro, que todo lo que te rodea es depredación, desesperación y depravación; a día de hoy un hombre, si es bueno, debe echar la vista atrás para así mantener la cordura refugiándose en sus recuerdos, y en un vaso de espumosa cerveza si puede ser, para así poder tener la suficiente fuerza de convicción de seguir de pie; aunque en el fondo no pueda, ni deba.

Y es que hubo una época en donde palabras como paro, agonía o pobreza carecían del significado y de las connotaciones que tienen ahora, eran solo minúsculos pies de página en los diccionarios de los hombres y mujeres que recorrían nuestros barrios en los años 80, otra época como ya dicho; ya hace una vida, y sin embargo tan cerca que aún si recorres las calles adecuadas a las horas adecuadas puedes rememorar, sentir e incluso oler cómo eran aquellos tiempos y por unos fugaces momentos sentir que aún formas parte de ello; que estás aún en tu momento y que todo te pertenece.

Y es que Jerez de la frontera era en los años 80 un buen lugar para existir, el fuerte estruendo de las sirena de las bodegas y de la Fábrica Botella auspiciaban por la mañana la promesa de un futuro mejor y radiante. Decenas de miles de personas recorrían sus agitadas calles, eran tiempos raros en donde la gente sonreía y en donde todos nos conocíamos. A mí me tocó vivir en el barrio de Icovesa, como tal era un barrio de gente humilde y trabajadora, de gente como debe de ser. En esos tiempos cada barrio de esta ciudad era como un micro universo con sus héroes y villanos, dioses y monstruos. En ellos flotaba la extraña sensación de que pasara lo que pasara los hechos que allí acontecieran quedarían reflejados por eones en la historia de la ciudad y por ende de la humanidad. Y allí sus personajes se movían entre el telón de la vida y el misterio de lo cotidiano, estos eran de los más variopintos, como Matías el lechero, aquel hombre que iba en un antiguo Land Rover y vendía a los abuelos la leche midiéndola con una jarra de cerveza, o Paco el zapatero, que cuando hacía calor se ponía a arreglar los zapatos en un banco de una plaza cercana a su tienda, e incluso Luis el peluquero, aquel hombre paciente, que esperaba a sus clientes en la puerta de la tienda siempre con la tijera en mano y con una mirada fría y serena como la de un torero.

Eran tiempos de descampados, de enormes árboles, de niños riendo y utilizando la imaginación, de antiguos juegos, de secretos que la inocencia aún mantenía ocultos y de enormes solares vacios, aún la fiebre de la construcción no había llegado y mellado el alma de esta ciudad, en esos benditos descampados en donde florecían multitud de plantas, los niños jugaban al fútbol, al escondite, a lanzar petardos y a buscar entre sus piedras llenas de musgos escarabajos, gusanos y arañas; los jóvenes aprovechaban la soledad de esos sitios para fumar y beber sus primeros litros, para ojear la típica revista porno que un primo le había traído de Gibraltar o escuchar los cassete de los chunguitos, Bob Dylan o Barón Rojo al atardecer y allí, en esos largos crepúsculos de inviernos o en los suaves atardeceres de verano, las parejas aprovechaban la oscuridad y el anonimato de esos sitios para sus fugaces momentos de placer y romance, aunque siempre había un buen muchacho que tal vez por desconocimiento de la situación o envidia les tiraba un petardo y les partía el momento, tras lo cual siempre aparecía el novio con los pantalones bajados, mirada iracunda, cangándose en toda la dinastía del alevoso e inoportuno petardista. A veces había carreras y aquellos jóvenes bromistas corrían a refugiarse en los portales, en los bares e incluso una vez vi a un muchacho de 12 años montarse en un autobús en marcha y dar esquinazo a su ultrajado y desempolvado perseguidor.

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Pero solo pasaba eso, era raro el caso de robo e incluso de violencia, pues ésta en sí estaba mal vista por la mayoría de la gente, siempre había un vecino justo y vigilante el cual mediaba o se enfrentaba cara a cara con aquellos que querían perturbar la paz del barrio a costa incluso de su propia seguridad personal, otros tiempos y otro tipo de gente; más decente. Había un fuerte sentido de comunidad, de familia entre todos los vecinos. Y aunque algo pasara, ya todo el mundo sabía quién lo había hecho mal o cometido el crimen, pues como ya he dicho cada barrio tenía su villano o monstruo y estos tenían nombres tan variopintos como el indio, el Juanichi o el hijo de la butano, criaturas en el fondo de pasado turbio, presente carcelario y futuro hacia dios sabe qué final abrupto y trágico.

Si la memoria no me falla, me acuerdo de una tarde de un húmedo noviembre en el colegio Sagrada Familia que todos los niños nos reunimos a la salida de éste porque el Juanichi, famoso camorrista, se iba a pegar con uno de otro barrio, el motivo lo desconozco pero para los niños que ahí moraban era como ver una lucha entre Godzilla y Gamera. Me acuerdo de que se armó un gran revuelo nada más empezar los primeros golpes e incluso que llegaron los profesores del colegio y la policía para ver qué pasaba. En ese instante paró un coche de la local y nada más bajarse los agentes del coche todos los niños salimos corriendo como gorriones en desbandada, me acuerdo que me refugié en una droguería cercana y a través de los cristales de ésta veía cómo la policía conseguía des entrelazar a los dos embravecidos púgiles y se los llevaba a comisaria entre gritos y pataleos. Días más tarde el Juanichi volvió al colegio y nada más entrar en las instalaciones partió una puerta de un patada, prendió fuego a una papelera y arrojó un gato muerto que había guardado previamente en su mochila al patio del colegio mientras con gritos desaforados se cagaba en los muertos de los profesores por entrometidos y chivatos después de tan magno espectáculo, y para sorpresa del personal allí presente, de un salto trepó por unas vallas laterales y se dio a la fuga al más puro estilo del vaquilla, dejando a toda la chavalería y al profesorado con la boca abierta. Esa misma noche una enorme pintada recorría el colegio:

-“Buhito traidor morirás” – Éste era el mote de un profesor, que al parecer fue el que avisó a la madera y nos chafó el espectáculo.

Pero no todo era violencia natural y con cierto sentido de la territorialidad, había también momentos para algo llamado paz y tranquilidad; en esos benditos tiempos podías ver a los abuelos a media mañana cargando con una silla, yendo a la plaza o al mentidero a sentarse bajo la sombra de los números, así como enormes árboles que antes poblaban nuestras limpias calles. Allí se refugiaban en los días de calor y se sentaban a jugar al tute, al dominó o simplemente a hablar mientras echaban un buen cigarro o una copa de vino sin que ningún padre vegano o milenial les viniera a recriminar su actitud. A veces venían sus nietos y estos jugaban al fútbol al lado de ellos, mientras los abuelos los vigilaban con cariño y aprovechaban los descansos de estos para contarles historias de su vida, muchas veces sobre la guerra civil, regando los tiernos brotes de su florida descendencia con su sabiduría. Después de estas tardes llegaba la hora de la cena y tanto jóvenes como mayores volvían a sus respectivos hogares. Entonces el barrio se inundaba del olor a tortilla, pescado o salchichas que hacían las pacientes abuelas mientras escuchaban la radio en la cocina esperando a que aquellos que más querían regresaran de nuevo para cenar todos juntos y ver las noticias, en familia.

Y es que había magia en el ambiente, lugares mágicos y momentos increíbles, si sabías buscar y observar bien podías llegar a encontrarlos y vivirlos, uno de esos momentos, el cual se quedó grabado en mi alma se dio en otra fría y húmeda tarde de noviembre en una zona de tierra en pendiente que recorría la parte de atrás del Colegio Sagrada Familia, en la cual cuando llovía se creaba un pequeño río artificial. Los niños cuando salían del colegio cansados y fatigados por las interminables horas de reclusión hacían barquitos de papeles y los dejaban al principio, era hermoso ver decenas y decenas de esos barquitos chocar entre sí o las rocas, quedarse varados en las hierbas, pasar por los tocones de varios árboles, formar tapones y barreras que se deshacían en espirales blancas, hasta que este río hacía que se derramaran en un portal cercano; era curioso ver cómo los supervivientes, pocos en comparación con el principio, se quedaban ahí en silencio varados y triunfantes, mojándose por la lluvia hasta quedar hechos guiñapos a la mañana siguiente. Había niños que los pintaban con rotulador fluorescentes porque pensaban que así duraban más, otros hacían dibujos o les ponían nombres pero lo más grande, lo más mágico, fue un día de primavera de esos que pasa una tormenta pasajera para después salir el sol con fuerza y el aire por una extraña razón huele a nuevo, a fresco, a esperanza; ese día hubo otra carrera de barcos, los cuales al llegar se toparon con una sorpresa: la lluvia y la humedad habían creado una gran capa de musgo en el suelo y en ella crecían diferentes flores blancas y amarillas, entonces cuando la carrera había terminado y los niños nos acercamos a ver qué barco había llegado más lejos sopló un viento de poniente y de repente barcos y flores salieron volando, en un torbellino de incomparable belleza, en una imagen que solo podría aparecer en los sueños y entonces como llegó el viento cesó y este extraño maná se derramó encima de los niños que allí había y así mientras mirábamos este espectáculo en silencio vimos cómo las nubes daban paso a un gran arcoíris, el cual cruzaba nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestra vida. Puro Fooly Cooly.

Otras tardes, menos mágicas y más mundanas, a la salida del colegio cuando terminaban las clases por la tarde íbamos a los bares a jugar a las maquinitas, era muy común que en los bares de barrio junto a las tragaperras y a las máquinas de tabaco estuviera una maquinita o un paintball; algunas llevaban allí lustros e incluso décadas. Pacman, Argus88, Galaxian eran los títulos más antiguos los cuales rivalizaban con títulos más modernos como Altared Beast, Cadillac Dinosaur, Street Fighter 2 o Knight of the Round. Los niños y jóvenes se reunían en torno a ella, siempre había el típico plasta que te decía que te podía pasar el enemigo final, había mucha gente que pasaba allí la tarde, era su modo de vida o su manera de afrontar los ratos muertos o la soledad de un mundo que poco a poco estaba cambiando aunque todos teníamos en mente la idea de que ese resplandeciente futuro de ciencia ficción que nos había vendido Hollywood ya estaba aquí, que se podía tocar con las puntas de los dedos, esas máquinas de colores brillantes y sonidos technotrónicos eran la muestra clara de que ese futuro estaba aquí, que el espacio sería la última frontera y que estaríamos allí para ver una época dorada de indescriptibles e infinitas posibilidades, o así creíamos pues los monstruos creados por el sueño de esta sinrazón parecían lejanos en esos momentos… sigue leyendo The Last Dinasour: Adiós a mis antiguos barrios, adiós (Parte II)

Jaime Morillo Caraballo

 

Un comentario

  1. Muy bueno. Por lo que cuentas debes haber nacido en la generación de los sesenta. Los que hicimos EGB conocimos Bonanza, Colombo, Poldark, Kojak, Kung Fu….a través de una tele en blanco y negro, que a veces tenía un solo vecino y que abría su casa para disfrute del barrio. Qué tiempos!!!!

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