Pequeños reclutas

Virginia García Franco

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El mes pasado saltaba la noticia de que un niño madrileño de quince años combatía en las filas de Daesh junto a otro hermano, ya fallecido, y su padre. Con el menor mantenía relación unos de los yihadistas detenido en Barcelona que también aleccionaba a su hijo de tres años para que alabara la actividad terrorista del autoproclamado Estado Islámico. La realidad es que la milicia yihadista utiliza desde hace ya mucho tiempo a menores con fines terroristas, no solo como soldados, sino también para perpetrar atentados suicidas, como centinelas o espías. En el 2015, el Estado Islámico publicó un video que causó un gran revuelo en el que un niño de unos doce años mataba a tiros a dos presuntos espías del servicio secreto ruso. Y hace apenas unas semanas, se informó también sobre la intensificación del reclutamiento de menores por parte de los yihadistas en Mosul. Daesh exigía a las familias que les entregaran a sus hijos varones con más de nueve años para convertirlos en combatientes. El reclutamiento forzoso de niños se presentaba como una medida desesperada para intentar cubrir las deserciones y bajas sufridas en combate.

Aunque se desconoce el número exacto, Naciones Unidas estima que hay más de 300.000 niños participando en 18 conflictos armados en el mundo. El reclutamiento de niños menores de quince años para su participación activa en actividades hostiles es considerado un crimen de guerra por la Corte Internacional de Justicia, mientras que la ONU fija en dieciocho la edad mínima para la participación en conflictos armados.

Aunque la principal forma de reclutamiento infantil es a través del alistamiento forzoso, no es la única. Muchos niños llegan a ver la guerra como su única oportunidad de supervivencia y se unen a grupos armados, estatales o no, por desesperación o venganza a modo de bandas callejeras. Incluir niños entre sus filas permite a Daesh crear lealtades a largo plazo y perpetuar así su régimen de terror en el tiempo. En ocasiones, los incentivos para crear a partir de los niños una cantera de combatientes adheridos a su ideología son mayores que la de reclutar combatientes adultos en otros países.

Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, desde comienzos de 2015 más de 1.100 niños han sido reclutados por el Estado Islámico. Estos, movilizados principalmente en la zona de Raqqa, la capital de actuación de Daesh, pertenecen en su mayoría a la minoría yazidí y a comunidades cristianas. Aun así, también chiíes y suníes han caído víctimas del terror yihadista. En general, los niños reclutados pasan por dos tipos de entrenamiento, que proporcionan una intensa formación tanto religiosa como militar, para después ser llevados a las zonas de guerra a combatir.

Además de la formación en el uso de armas mortíferas, el Daesh obliga a los niños a ver vídeos de decapitaciones y otras ejecuciones violentas para desensibilizarlos. Más tarde, y una vez superadas las dos etapas de la reeducación, los terroristas utilizan a estos niños para protagonizar esos mismos vídeos, y así aterrorizar y horrorizar al mundo entero.

Afortunadamente, el Gobierno español detenía a principios del mes de noviembre en Ceuta a tres hombres y una mujer que integraban una célula terrorista dedicada a captar, adoctrinar y enviar a niños y jóvenes a la zona sirio-iraquí para convertirse en futuros combatientes en las filas del Daesh. Los cuatro detenidos, de nacionalidad española, habían desplegado un entramado reclutador y permanente en la ciudad autónoma, y mantenían una comunicación fluida con combatientes del Daesh en Siria, que les instruían en la metodología para la captación de adeptos.

A pesar de todo, los propios verdugos no se libran del sacrificio. Ya en noviembre de 2015, y como se señala en un artículo publicado en periodistadigital.com, el Estado Islámico asesinaba en apenas dos días a doce de sus combatientes menores de edad por escaparse de uno de sus cuarteles de entrenamiento en la ciudad septentrional de Mosul. Los niños, que tenían entre once y dieciséis años, fueron abatidos por disparos en unos de los cuarteles del grupo terrorista y formaban parte de los 1.400 menores de edad que habían sido obligados por el Daesh a adherirse a sus filas.

Tanto si se quiere como si no, los terroristas de Daesh intentan inculcar entre los más jóvenes el espíritu de la guerra y las ansias de sangre derramada del enemigo. Con clases magistrales en las que delante de los niños cortan la cabeza a sus supuestos enemigos, los terroristas no hacen otra cosa que animar a sus jóvenes pupilos a seguir con su labor destructora, irracional y meramente demagoga que busca la rendición incondicional del que consideran su adversario más infiel.

Virginia García Franco

 

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