Cortés en el Nuevo Mundo por primera vez de nuevo

Alfredo Vargas Ramírez

Cortés en el Nuevo Mundo por primera vez de nuevo

El paso de Hernán Cortes por el Nuevo Mundo dejó una huella decisiva y necesaria para el desarrollo de América hasta nuestros días. Desde el momento en que pisó aquella tierra, la causalidad histórica se hacía obvia y una como la propia Historia. Ahora bien, al protagonismo que se concede Cortés en los diversos escritos, oponemos la inestimada ayuda con la que siempre contó en su empresa de objetivos personales. Esto es, no fueron los pies de Cortés los únicos en horadar los caminos vírgenes o desgastados del nuevo continente, y aunque la colectividad de la comitiva española siguiera sus ideas como la guía oficial, ofrecían sus cuerpos en cada batalla o enfrentamiento. Espero que no se sigan estudiando los porcentajes de méritos a repartir por la conquista.

Por ejemplo justo, el papel de los traductores fue determinante en esta historia, pues Cortés carecía del conocimiento del idioma maya y náhuatl. Al principio, Gerónimo de Aguilar era el puente entre los nativos mayas y los conquistadores; pero con el avance español, la Malinche se suma a la cadena traduciendo del náhuatl al maya. No solo hablamos ya de una mera labor de cambio de idioma instantáneo, sino también de la filtración de culturas mediante el lenguaje y sus adyacentes menos visibles. Actuaron, en gran medida, como un desdoblamiento del Nuño cadalsiano: los tres median en la percepción del retrato de una sociedad para unos observadores alejados (quedando todavía los pies en la misma tierra); los tres ofrecen visiones propias de temas multiperspectivos; los tres son necesarios para entender (o malentender, pues son opiniones lo que se escuchan y oídos humanos los que oyen) hechos ajenos a las rutinas de los forasteros… Pero, mientras que Nuño no existe (pues solo está en el papel) y solo puede actuar en la relación lector-ficción (inútil), los traductores de Cortés eran eso, traductores de Cortés, y siendo conscientes de su carácter imperial, sabían que variaría mucho la situación en función del mensaje que recibiera. Eran tan necesarios que sin ellos sus espadas se habrían desafilado de tanto uso innecesario. Tanto la Malinche como Gerónimo de Aguilar eran -debían serlo- personas de gran confianza para Cortés.

El juego de perspectivas -que solo trataré de modo tangencial- se hace muy duro y rígido en el caso de los conquistadores y sus matanzas. La moralidad de sus actos -hoy en día inmoralidad, claro, así tambalea- debía ser justificativa. Y desde su perspectiva asumida de superioridad cultural -que implica superioridad en todos los ámbitos, en una especie de totalidad absoluta- veían a los nativos -que implica de su tierra- como auténticos bárbaros, como juguetes: a los que domesticaban para que cumplieran sus funciones; con los que jugaban a las alianzas de tribus para derrocar otras más grandes; y en última instancia, en la degradación máxima de la empresa, que culminó en todos los horrores que allí se cometieron, de los que no quiero dar ni el más mínimo dato.

Una pequeña crítica debo atribuirla a los medios de comunicación. En mi opinión, no creo que sea correcto atribuirle palabras como ‘‘gesta’’, creo que ya no en el siglo veintiuno, el hecho es el mismo pero la actitud…; o que si utilizan la palabra ‘‘conquistador’’ -que obviamente lo fue- procedan con el desarrollo de lo que ello implica, no solo tratarlo parcialmente -como decir que un árbol es solo el tronco-, pues ocultar parte de la verdad a exponer es mentir, más la propia mentira implícita de escribir; así como tampoco me parece justo que el título de un artículo sea ‘‘ Hernán Cortés: No dejaba títere con cabeza’’, ni un extremo ni otro, la experiencia nos repite siempre que no son de fiar.

Un centralismo teórico está bien pensado, sabiendo que éste solo se puede asumir o fingir que se asume, intentando apartar todo lo extremo -que es cualquier pensamiento periférico nuestro- habiendo un único centro vacío al que bajamos momentáneamente nuestros pensamientos. Pero eso permanece en otro plano a veces, como en la literatura o en los artículos, que das forma y estructura a las ideas. Y si permanece, es tan solo un instante que se ha hecho enorme. Luego ya puede que cambien tus ideas, o solo se maticen, pero es difícil tener una estabilidad ideológico-moral. Dicho esto -y habiendo quedado expuesta mi opinión al poner unos datos y no otros- , opino que el pasado es uno y no hay que removerlo, hay que aceptarlo en primer lugar. Luego, por supuesto que debemos, en su palabra más grave, juzgarlo, como un hecho invariable, por desgracia. Y sabiendo que cualquiera puede ser juez, no hay que obstinarse con la opinión de uno mismo, sino compararlas y ver qué pueden aportar en sus rasgos distintivos respecto a la tuya. Esto es aplicable a cualquier hecho histórico o cultural, que, por desgracia, al darle la categoría de base moral a una opinión, siguen separando a personas de ideas individuales muy juntas y poco variables, que, a su modo de ver, ocupan ese espacio vacío del centro, categorizando con sus ideas personales una inmensa colectividad incolectiva.

Alfredo Vargas Ramírez

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