Un suculento bocado de carne humana

Virginia García Franco

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Resultan curiosos los alimentos que componen la dieta de algunas personas. En la India, un adolescente ha devorado parte del muslo de un familiar de nueve años al que previamente asfixió y del que también bebió su sangre. Según la confesión que ha realizado el adolescente, y que recoge el medio británico Mirror, este atacó al menor tras ver un programa de televisión. Yo recuerdo cuando era pequeña y veía las películas de Marisol en el mítico Cine de Barrio. Lo que me daba a mi era por querer ser artista, cantar y bailar por bulerías, pero no por comerme a mi hermana pequeña, la cual se limitaba a mirarme ojiplática.

No se sabe a ciencia cierta cuándo los humanos adquirieron el hábito de la antropofagia (acción de comer el hombre carne humana). Parece ser que en los yacimientos arqueológicos de Atapuerca, mediante el estudio de las marcas en los huesos encontrados, queda en evidencia que se practicó un canibalismo que, con toda seguridad, no fue producto de una hambruna y carecía de cualquier intención ritual. Según los relatos de los conquistadores, entre los pueblos nativos aliados y adversarios de Hernán Cortés, la práctica de la antropofagia era habitual en actos religiosos y tras las escaramuzas; para lo cual, incluso se solía llevar sal a las batallas para salar a los enemigos muertos, de forma que les durase más tiempo su carne y pudieran volver con ella a sus poblados y repartirla entre sus familiares.

Más cercanas en el tiempo, resultan las prácticas caníbales que realizaban las tropas japonesas durante la Segunda Guerra Mundial. Muchos informes escritos y testimonios recolectados por la Sección australiana de crímenes de guerra del Tribunal de Tokio, indicaban que los soldados japoneses en muchas partes de Asia y el Pacífico cometieron actos de canibalismo contra los prisioneros de guerra aliados. En muchos casos, esto estuvo inspirado por los ataques siempre crecientes de los aliados a las líneas de suministro japonesas y a la muerte y la enfermedad del ejército japonés como resultado del hambre.

Pero si hay un hecho clave en la memoria de los seres humanos relacionado con esta práctica fue la extrema situación de los jugadores de rugby uruguayos sobrevivientes del accidente aéreo en los Andes en 1972, quienes lograron mantenerse con vida alimentándose de los cuerpos de las víctimas mortales. La historia inmortalizada en la cinta cinematográfica “Viven” ha dado la vuelta al mundo, casi tanto como la fotografía de Anthony Hopkins en su papel de Hannibal Lecter.

Aunque la antropofagia es una práctica socialmente rechazada, todavía existen países donde se realiza. Es el caso, por ejemplo del Congo, donde alcanzó su punto máximo durante la guerra civil ente 1999 y 2003. Se consideraba una forma de ahuyentar a los enemigos, así como una fuente de fuerza y energía. Pero, el último episodio insólito de canibalismo que ha dado la vuelta al mundo es el que se ha producido en una cárcel de Brasil. Los motines en las cárceles brasileñas son muy habituales y suelen tener consecuencias graves para los presos. Este caso, las peleas en una cárcel de Alcacuz, en Río Grande, se ha saldado con 30 muertos de los cuales un grupo de internos compartió un video en el que al parecer están quemando cuerpos, asando su carne, la cual aseguran son los restos de los bandos rivales.

Lejos de ser un fenómeno episódico, que se da en un momento aislado, la antropofagia tiende a ser un hábito por parte de quien lo practica. Pero, ¿qué lleva a un individuo a desear comerse a otra persona? Expertos responden que tiene que ver con la fantasía de que se están ingiriendo cualidades, características que tiene el otro. Es como si se incorporaran a través de la alimentación. También está el caso contrario, donde en vez de sumar algo que está valorizado, se trata de incorporar algo que está desvalorizado para transformarlo en excremento.

Pero, ¿qué fue primero? ¿la antropofagia como ritual o como supervivencia? La pregunta resulta compleja, pero lo cierto es que no se sabe si surgió por necesidad y se la adornó con propiedades espirituales, o fue justamente al contrario. Dentro de la antropología, los materialistas creen que tomó forma de ritual luego de existir como método de supervivencia: la falta de alimento puede haber forzado a las personas a actuar de esta forma, y luego se intentó justificar esta actitud bajo términos religiosos. Los idealistas, por su parte, consideran que el ser humano siempre ha buscado símbolos para interpretar el mundo, y determinadas partes del cuerpo siempre han tenido especial importancia. Sea como fuere, hoy en día, el canibalismo, y más concretamente la antropofagia, es un tabú y no está bien aceptada en la mayoría de las culturas. Es algo repulsivo y condenable. Habrá quien piense que el comer carne de otro humano para absorber su vitalidad no es algo tan alocado: cuando comemos, nuestro cuerpo se llena de nutrientes que nos brindan energía. Entonces, ¿cuál es el problema con la antropofagia? No es simplemente el tabú o el condicionamiento cultural, sino también una cuestión de salud ya que esta práctica da lugar a enfermedades como el kuru o “enfermedad de los tiritones” o “de la risa sin razón”; una dolencia poco conocida que ataca el sistema nervioso central de las mujeres “Fore” en Nueva Guinea y que produce cambios neuro degenerativos parecidos a la enfermedad de Creutzdeldt-Jacob que se presenta esporádicamente en el mundo y de la cual se desconocen los factores de riesgo.

Virginia García Franco

 

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