Ora et labora

Israel R. Godínez

a032-01-ora-et-labora

Ora et labora. Reza y trabaja. Así formulaba Benito de Nursia esta máxima recogida en su Regula Sancti Benedicti, un conjunto de reglas monásticas destinadas a los monjes y complementadas a su vez con la metodología que sigue la Lectio Divina. Sin embargo, lo que no conocía San Benito es que el primer vocablo de su precepto se vería afectado por un proceso de laicidad que se iría incrementando gradualmente con el paso del tiempo y que, al igual que el primero, el tercer vocablo se vería amenazado en la primera década del presente siglo por lo que hoy día llamamos «crisis económica», que ha visto, además, cómo contaminaba otros ámbitos igual de permeables que ésta, a saber: ámbito político, social e incluso moral.

No vengo aquí a desentrañar las razones por las que hemos llegado a esta situación, ni tampoco a analizar el tan cacareado insulto a la clase media de «habéis vivido por encima de vuestras posibilidades», ni tampoco haré uso de mi derecho a mentar, al igual que hacen numerosas personas anónimas que apoyan ambos codos en la barra de los bares, sobre quiénes son los verdaderos culpables de esta situación que padecemos ya diez años y que no tiene viso de acabarse. Lo que sí vengo aquí es a hablar de la situación que vive la llamada «generación perdida», que a mí modo de ver ya no sólo es una, sino varias.

A la generación que nació en los años ochenta siempre se les inculcó, tanto por activa como por pasiva, que estudiaran y siguieran estudiando para que fueran mejores que sus progenitores, para que consiguieran todo lo que soñaran y formaran así parte de la clase media, esa que muchos intentan defenestrar de nuestra historia, pero que desde la Segunda Guerra Mundial ha venido siendo el principal motor de la economía y de la sociedad de consumo. Estudiar, por lo tanto, parecía la garantía para entrar en un modo de vida que sólo presentaba éxitos y virtudes, empero, la realidad de ese deseo se ha enfrentado hoy a la cruda realidad de una crisis económica sin parangón, ya que, como he dicho anteriormente, ha trastocado casi cualquier realidad, al tiempo que ha invertido muchas de las afirmaciones que durante décadas se han dado por ciertas como, por ejemplo, que la política está aquí para resolver todos los problemas o que sigue existiendo esa dicotomía derecha-izquierda, a mí entender conceptos ya decimonónicos. Estudiar, en mi opinión, es aún una de las mejores formas para ser en el futuro una persona de provecho, labrarse una vida independiente y más libre, y generar mayores y mejores expectativas. ¿Pero dónde se puede conseguir una vida así de fructífera? Cada día está más claro que España no es el mejor destino para alcanzar tales metas, en contraposición a lo que todos esos obsecuentes periodistas y tertulianos de salón, que con buenos sueldos a base de lametones al nailon y al satén, se alegran de la creación de empleos de dudosa productividad, encareciendo así el gasto al que someten a sus semejantes para que el Estado de Bienestar siga a pleno rendimiento. A no ser que hayas generado durante muchos años una red de contactos infinita (eso de jugar a los cables y a los enchufes), no hay nada que hacer, principalmente porque el poco trabajo que se crea está o mal pagado o no corresponde en absoluto con lo que se ha estudiado.

¿Entonces, adónde ir? Hacer las maletas y dirigirse a otro país de la Unión Europea está siendo la opción predilecta de esa masa de jóvenes que quieren empezar su andadura por el mundo, bien por convicción, bien por necesidad. Reino Unido es el destino al que se dirigen casi todas las miradas, pero con el Brexit en el aire la situación es más incierta que nunca. Alemania le sigue a la zaga. Yo añadiría otros países que, aún no siendo tan populares como los dos primeros, también pueden ofrecer alternativas, como son los Países Bajos, Dinamarca, Polonia o las repúblicas bálticas. Otros, como Australia y Japón, que aún teniendo una de las políticas inmigratorias más duras del mundo debido a una posible falta de recursos futuros, ofrecen amplias posibilidades para los expatriados, especialmente si se es capaz de realizar trabajos especializados y técnicos. Por último y al igual que decía Nino Bravo en su canción, América sigue siendo un inmenso jardín lleno de oportunidades. Canadá y Estados Unidos destacan como países punteros y cosmopolitas cuyas sociedades se han enriquecido gracias a la labor de toda la mano de obra, cualificada mayormente, que ha arribado a sus tierras. Lo mismo pasa con Argentina, cantera de ciudadanos cuyos orígenes provienen especialmente de España, Italia y Alemania. No quiero olvidarme tampoco de tres países que no suelen aparecer en la mente de muchos, que son Chile, Perú y México, tres economías que están repuntando desde hace unos años.

Seguramente me falten países. Y sé que no he destripado todos los pormenores de los pasos a seguir para poder conseguir un empleo en dichos territorios. Lo único que sé es que el deseo de partir hacia otro lugar para comenzar desde cero se ha visto incrementado a medida que las alternativas disminuyen. La pregunta que se hace uno entonces es cuándo empezar a dar un paso tan importante como ese. Evidentemente todo dependerá de la decisión de cada cual. Lo primero es empezar a abrirse paso al igual que lo hace un berbiquí. El resto, al final, está por llegar.

Israel R. Godínez

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s