De burros y elefantes

Israel R. Godínez

De burros y elefantes - Israel R. Godínez - DiarioE

Después de que hayan pasado unos meses desde las elecciones presidenciales en Estados Unidos, parece que el Apocalipsis en forma de tupé rubio no aspaventó lo bastante al mundo y no dio paso al acabose. Parece, además, que los cuatro jinetes continúan a la espera de lanzar sus temidas plagas sobre nosotros, agazapados en algún lugar recóndito de otra dimensión, aguardando la señal divina para concluir nuestra exigua existencia. Pero no se inquieten esas pobres almas; el mundo sigue existiendo, y seguiremos haciendo y diciendo las mismas gansadas durante varios siglos. Donald Trump ganó las elecciones. Sí, las ganó.

No es extraño que el símbolo que representa al Partido Republicano sea un elefante, porque al igual que uno entrando en una cacharrería, Trump se llevó por delante la opinión de la prensa socialdemócrata, de los millonarios de Hollywood y de toda la progresía infértil de gran parte de Europa. Violentos puños volaban en las inmediaciones de todos los mítines republicanos repartidos por feroces demócratas, los mismos que hace más de una década gritaban el no a la guerra pero no hacían lo mismo cuando se lanzaban bombas sobre Libia, eliminando así al sátrapa de Muamar el Gadafi y abriendo la veda a grupos terroristas en contra de las advertencias de Silvio Berlusconi, cuya imagen más visible de todo el conflicto fue el linchamiento en las calles de Bengasi del embajador americano Christopher Stevens. Tampoco gritaban en contra de apoyar a una oposición más que violenta en Siria, rompiendo, de nuevo, otro Estado, como ya lo hicieron en Iraq y Afganistán, ayudando a que grupos extremistas religiosos maten aquí y allí a todo aquél que le hace frente. Tampoco se avergüenzan los mal llamados demócratas, encabezados por el Papa, en apoyar la colaboración entre el Gobierno de Colombia y unos narcoterroristas comunistas que han asesinado a centenares de personas, o el acercamiento que se realizó con el régimen criminal cubano, aliado de otro régimen criminal como es el venezolano. No ha sido menor el revuelo formado por la supuesta construcción de un muro entre México y Estados Unidos; muro que ya tiene cientos de kilómetros y que fue construido bajo la Administración Clinton en 1994, y que, incluso, tiene el apoyo de muchos inmigrantes ya nacionalizados.

También en Europa hemos tenido mucho ruido y muy pocas nueces. En este continente siempre hemos tenido la fea costumbre de morder la mano que nos da de comer, o bien de morder la mano que nos ha defendido desde la Segunda Guerra Mundial, siendo Estados Unidos el paraguas protector sobre el que hemos disfrutado tanto tiempo de paz y prosperidad. En un continente amnésico pocos recuerdan quién ayudó a Europa a eliminar la amenaza nazi, quién contuvo al régimen soviético y sus satélites, y quién se decidió a intervenir en la antigua Yugoslavia. Hay cerebros que parecen olvidar ciertos hechos, pero no así los libros de historia. Europa parece haber estado más preocupada por la victoria del ogro tosco que los mismos americanos; tanto es así que la pródiga señora Merkel olvida bajo qué mandato Alemania fue espiada de forma continuada. Es apabullante el temor y la pérdida de memoria de tantos europeos, que hace tan sólo unas décadas hacían el saludo fascista o bien levantaban el puño, ante las elecciones de la mayor democracia del mundo, y puede que de la única que exista, teniendo en cuenta la existencia de una verdadera separación de poderes y de una representatividad real del electorado.

No todo Estados Unidos se resume en hamburguesas, refrescos de cola o series de televisión. Tampoco el Partido Republicano es un adalid de la libertad y la democracia, teniendo en cuenta cómo han patrocinado en el exterior a grupos extremistas de todo pelaje para así dar por terminados regímenes democráticos. Ni tampoco ambos partidos, ni los elefantes ni los burros, representan la totalidad del sentir y del pensamiento americanos (cabe destacar que casi la mitad de la población no fue a votar). Lo único que queda en claro en todo este frenesí de políticos y de partidarios, y detractores de unos y de otros, es la total hipocresía y contradicción de los que deciden entrar en este juego absurdo.

Israel R. Godínez

 

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