El Hobo peludo se mosquea con los milenials (Parte II)

Jaime Morillo Caraballo

El Hobo peludo se mosquea con los milenials - DiarioE

… continuación de El Hobo peludo se mosquea con los milenials.

Y tras envejecer inapropiadamente debo decir que no me gusta esta juventud, joder hay una parte de ella que parece que se haya leído todos los libros de autoayuda de la biblioteca, sin embargo para las cuestiones fundamentales de la vida son incapaces, negados o están castrados psicológicamente; alguna veces pienso que es algo relacionado con la evolución, han habido demasiados guerras y demasiados imbéciles con suerte follando que lo que único que queda a día de hoy es una sub raza de pigmeos mentales, o tal vez sea la educación, el flúor en el agua o un terrible plan de dios; no lo sé y no me importaría de veras, si no fuera porque soy demasiado pobre y esto me obliga, tengo que convivir con ellos, a verlos a diario, a sentir ese horror y vacío que emana de ellos. Parecen felices, sonríen, algo mal anda en ellos, acaso no ven el mundo que les rodea, les miro con la cara de una bestia desbocada pues prefiero que me traten como el monstruo que soy antes que el humano que pudiera ser; pero es inútil, no reaccionan, son tan felices y creen que tiene la razón, están muertos, son esclavos, estudia, trabaja, paga tus impuestos y nunca te cuestiones nada, ese es su dogma.

La juventud de ahora en vez de estar cambiando el mundo en la calle está pendiente de conseguir títulos, mas títulos, se pasa todo el rato estudiando, para conseguir un puesto de trabajo ideal, esperando conseguir poder, ser más que nadie, éxito y estabilidad son las metas a conseguir, pero es un carretera de ratas que no lleva a ninguna parte, pues al no querer cambiar el mundo se hayan presos de las mismas cadenas que forjaron sus padres y si consiguiesen ese puesto después las condiciones no son las que creían, pues la realidad es que no han cambiado, y por el camino han perdido un tiempo hermoso para vivir y luchar por algo que nunca volverá, una hermosa ola en la que ya no se puede navegar, esta juventud prefiere ser funcionaria, notarios o peor, jefes de recursos inhumanos. Lo peor es que aceptan el mundo donde viven.

Además son grupales en la imbecilidad y solitarios en la razón, odian lo políticamente incorrecto, son revolucionarios de salón, de alcoba y de ordenador. No entienden el poder del colectivo, del pueblo como fuerza viva y social, de lo naturalmente justo y bello, no, ellos son urbanitas automatizados, quieren dinero solo para conseguir más dinero, tienen mentalidad de banquero, están bien educados. Desprecian la violencia, se dejan golpear por la policía mientras se indignan por todo lo nimio, son ridículos al sentido común, sin embargo este sistema les hace caso para así fomentar la censura de los bien pensantes, son los vigilantes de lo que le se dice en las redes sociales, son los mil ojos que te vigilan. Es el ojo que te ve, y es una arma que te obliga a pensar como ellos.

Y así mientras pasan autobuses naranja, azules o de cualquier color; en la vida real abuelos mueren por alumbrarse con velas, hombres mueren en trabajos deshumanizados y niñ@s con pene o vagina pasan hambre en los comedores escolares, esa es la realidad, pero ellos tienen una visión tan distorsionada de lo importante, de lo necesario, que me dan miedo y asco sabiendo el futuro que nos depara; en donde los hombres seamos criminales en potencia por tener un cromosoma X, en donde un chiste te puede costar una multa o cárcel y en donde nuestras mascotas tengan más derecho que un niño blanco nacido de padres españoles.

Otra cosa de esta juventud que tanto detesto es su forma de beber. Y es que mi generación bebía para soportar el horror en que nos hayamos inmersos, bebía para olvidar, amortiguar ese sentimiento de injusticia social, de soledad, de frustración, de aspiraciones marchitas por ese sistema que nos dejó soñar para después quitárnoslo todo con una crisis que sumió a un país en un letargo, del cual parece no despertar. Bebíamos y nos drogábamos, pero era para amortiguarnos, para no sentir, para llenar el vacío de una existencia que ya vislumbrábamos que no tenía ningún futuro.

Ahora ya no, los jóvenes actuales beben para socializar, para hacer el tonto, para cumplir el horario de fin de semana, para ser trendic topic, para colgar cientos de fotos de en las redes sociales, atestiguando la falsa realidad en la que viven y en la que se sienten cómodos ajenos a una vida que nunca tuvo que ser lo que es. Mientras beben ellos lo aceptan, todo, aceptan la jornada laboral de 8 horas que luego son 12, aceptan el trabajo que te oprime y te esclaviza a través de un contrato basura en donde tus derechos son una línea y tus deberes varias páginas, aceptan un gobierno fundamentado en mentiras, aceptan la desigualdad, aceptan que todo es como es y nada debe cambiar, aceptan en definitiva la muerte en vida y esta muerte no lleva una guadaña y ahora lleva un puto spinner y lleva unos enormes cascos fosforitos.

Y para finalizar les comentaré, la cosa que más odio y es como nos miran a nosotros, a los viejos buscavidas, a los que no tragamos con todas las mentiras, los que nos quedamos varados en la angustia y la ira. Cuando hablo con ellos, piensan que somos unos fracasados, uno payasos impresentables, unos borrachos trasnochados, en sus miradas siempre hay desprecio o peor lástima, algunos piensan que la crisis fue justa, que los pobres tuvimos lo que nos merecimos, que a ellos no les pasará, que son más listos y por ellos ahora se hipotecan a 30 años mientras que nosotros nos hipotecamos a 40. Que los desahuciados, los suicidas y los parados somos parásitos. Y que en el fondo les gustaría que nos eliminaran. Pero nosotros sin embargo, a diferencia de ellos, podemos sentarnos delante de un vieja máquina de escribir o de un ordenador con más 5 años, abrir una cerveza y escribir páginas y páginas de filosofía, poesía, cuentos, verdades y mentiras, en definitiva lo que es la vida.

Y así cuando terminé este relato, apagué el cigarrillo, le di un último trago a la cerveza, en la televisión se hablaba de Corea del Norte y Turquía, todo me parecía como una canción triste de Sabina. La apagué, me miré delante del espejo por unos momentos no vi el hombre viejo que era hora sino ese muchacho que siempre sonreía y que creía que todo por una extraña razón se hallaba iluminado, miré de nuevo delante del espejo ese absurdo reflejo había desaparecido, delante de mi solo estaba el retrato de un santo indecente, decidí que por ahora era más que suficiente y aunque era domingo y mañana tenía que trabajar, abrí la puerta y volví a las calles, donde debía estar…

Buenas noches, es hora de dormir,

Buenas noches, un hombre bueno deja de existir,

Buenas noches, la gente deja de reír,

Buenas noches, el payaso sale del escenario, al fin.

Jaime Morillo Caraballo

 

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