Adicto a la adrenalina

Amonsanmac

Adicto a la Adrenalina

Cuando cojo un avión, que ojalá fuera casi nunca, alucino pensando que pueda despegar y mantenerse en el aire, con todo lo que lleva dentro.

Dicen que cuando tienes un temor debes enfrentarte a él para superarlo, pero a mí me da que esto yo no lo supero. Desde la puerta de embarque, voy poniéndome nervioso. Que si tengo que abrir la maletita, que si tengo que quitarme el cinturón y dejar el móvil en la bandejita. Sí, llevo botas… ¿Me las tengo que quitar? Vamos, no me jodas. ¡Con lo que me ha costado ponérmelas!

Y luego la espera. Como ganado estabulado, hasta la hora de salida en que nos meten en ese largo y estrecho pasillo similar al cordón umbilical de un “alien” y que desemboca en un habitáculo minúsculo, donde nos vamos colocando de tres en tres, ciento ochenta y seis personas de su padre y de su madre. ¡Se dice pronto! Adiós al glamour de antaño.

Hoy, es uno de esos días en los que estoy haciendo frente a mi fobia. A mi lado se sienta un chico que tendrá unos veinte años, lleva una gorra del revés calada hasta las cejas, gafas de sol con cristal oscuro y unos cascos en los oídos de los que sale una música ratonera. Portugués. ¿Qué cómo sé que es portugués? Porque la madre está sentada al otro lado del pasillo y llevan medio vuelo, cruzándose frases en portugués. No hace falta ser adivino para saber lo que le va diciendo:

¡Baja la música que estás molestando!

¿Por qué no habrán cogido los billetes juntos? Eso, es que no habría, claro, con estos vuelos low cost… Al otro lado, pegada a la ventanilla, menos mal, que tengo a una señora que va callada, haciendo sudokus.

Para distraerme miro a las azafatas, que siempre parecen las mismas. Van a su bola vendiendo refrescos y bocadillos. No me caen bien, aunque intenten hacerse las amables con esa sonrisa profidén.  Las veo frías y ausentes.

¡Ojo que se me acaba de dormir el portugués y tengo su cabeza pegada en mi hombro!

Voy cagado con las bolsas de aire… ¡Ala otro saltito! Esto parece una atracción de feria de las que siempre he odiado. Y la gente todavía tiene el valor de levantarse para ir al servicio.

Calla que estoy viendo las alas del avión poniéndose de lado. Madredelamorhermoso. Llevo agarrado una hora a la bandeja del asiento delantero y aún no la he soltado. Y el chico sigue roncando. ¡Menudo panorama para ser lo último que vea en este mundo! Seré idiota, pero me consuela saber que no es un vuelo transoceánico. Si me estrello caeré sobre tierra y por lo menos no me ahogaré.

Me pregunto por qué me someto a estas experiencias. Si yo soy Tauro, tauro de tierra. Y siempre digo lo mismo: “pudiendo ir por tierra, como la tierra nada”. Y cuando aterrizo, con las manos sudorosas y las piernas que no me sostienen, siempre afirmo: ¡no voy a volar más! Pero luego se me olvida, sí total son dos horas me digo, y para auto convencerme repaso mentalmente las estadísticas: si no puede pasar nada, si hay más accidentes en la carretera que en el aire.

Lo sé, no escarmiento y estoy empezando a preocuparme. Creo que puedo ser adicto. Adicto a la adrenalina y un poco masoca, porque si no, no se explica que siga volando una y otra vez, una y otra vez.

Amonsanmac

 

2 comentarios

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