10 Cosas Que Deberías Saber Para Ser Tu Propia Marca

David Vázquez Baciero

10 Cosas Que Deberías Saber Para Ser Tu Propia Marca - DiarioE

1 – No seas tu propia marca. No eres un puto champú.

2 – Hace aproximadamente diez años un adolescente se encuentra viendo la televisión con sus padres mientras cena. A pesar de las protestas proferidas (con la boca pequeña) por el joven, ponen Operación Triunfo en Telecinco, en una de sus últimas ediciones. Ya por aquel entonces era evidente que el formato estaba próximo a agotarse y que los bisbales, las rosas y las chenoas ahora eran sustituidos por jóvenes que acababan el concurso sin pena ni gloria, jóvenes cuyos nombres serían olvidados apenas pasase un mes de terminar el concurso. No importaba: estaban dispuestos a agotar el programa hasta el paroxismo. En medio de toda esta decrepitud, de repente aparece un tipo con pinta de haberse escapado de una película de serie B, de esas que dan en Antena 3 los domingos por la tarde. El buen hombre no deja títere con cabeza y convierte las valoraciones del jurado, el momento en el que todos aprovechábamos para cambiar de canal, en el momento más esperado del programa. Se reveló como la estrella de un concurso de jóvenes valores de la música sin ser joven (a pesar de sus denodados esfuerzos por parecerlo) y sin haber emitido ni media nota musical. Como sus padres no habían hecho el esfuerzo de pagar 4000 euros por algún cursillo de Marketing, publicidad y comunicación en una universidad privada, no eran “entrepeneur”, y no sabían nada de “naming” ni de “branding”, de tal manera que lo llamaron Evaristo. Los muy hijos de puta. Pero nuestro publicista de serie B no iba a permitir que sus padres le arruinaran la existencia: a fin de cuentas, como dice Coelho, si de verdad quieres algo… Bueno, el resto te lo sabes. El caso es que no iba a renunciar a molar así como así, y le dio la vuelta a la tortilla: solo respondía al nombre de Risto. Risto no paraba de repetir un mantra: “Sois un producto”. Y nuestro joven adolescente vio la luz. ¡Cómo no había caído en eso antes! Todos somos productos, y nuestro valor está en el precio que los demás estén dispuestos a pagar por nosotros. Ahora lo entendía. Se hizo fan incondicional de Risto y se compró todos sus libros. Hasta que dejé de ser idiota.

3 – Debo decir en mi defensa que en el discurso de Risto (y de tanto cuñado que piensa como él) había una defensa implícita de la libertad que lo hace especialmente atractivo para cualquier muchacho que aspire a dárselas de bohemio antes de darse cuenta de que a lo más a lo que puede aspirar es a aparentarlo. Y gracias. Al fin y al cabo, ¿qué adolescente de 16 años no siente su casa como una jaula, no está agobiado por tantas normas impuestas por los adultos, no se siente ya preparado para mucho más, casi imparable? Risto se plantó delante de los muchachos más amados del país (o, al menos, con la legión de fans más ruidosa) y lo más fino que les dijo fue que eran todos unos horteras. Y uno pensaba: ¡coño, ya era hora! Hoy puede sonar extraño, pero muchos de quienes le defendíamos en los foros de internet a comienzos de esta década pensábamos que en él había una forma de pensar contraria al orden establecido. No podíamos estar más equivocados.

4 – Hay que agregar a la ecuación que por aquel entonces yo me empecé a enamorar en el colegio de los autores románticos. De Byron a Shelley, pasando por Schiller y por nuestros Rosalía, Bécquer, Duque de Rivas y, sobre todo, José de Espronceda y Larra. Hoy sé que ellos también pertenecían a una élite económica que podía permitirse escribir sobre lunas que rielan en el mar y harpas que están en un rinconcito oscuro del salón mientras otros muchos, con su misma edad, perdían su juventud y su vida explotados por la Revolución Industrial. Hoy Larra escribiría en El Mundo y Espronceda se ganaría la vida dando charlas TED sobre pensamiento positivo. Por desgracia, muchos profesores siguen hablando del Romanticismo como si se tratara de un movimiento revolucionario: les pasa como a mí con Risto.

5 – El problema no es defender la libertad: es un valor deseable para cualquier persona y cualquier sociedad. El problema, en primer lugar, es entrar en la lógica del consumo en la que la libertad tan solo consiste en ser libre de comprar o vender. No somos productos, no somos marcas, nuestro valor no depende de lo que nuestra empresa pague por nosotros porque por ese camino uno puede llegar fácilmente a la conclusión de que no trabajar equivale a no tener ningún valor. Y somos mucho más que nuestro empleo.

6 – La segunda cuestión es que la defensa de la libertad como único valor absoluto y universal nos introduce en lógicas perversas. La libertad sin honestidad, integridad y solidaridad simplemente nos aísla, nos convierte en engranajes de una maquinaria pensada para favorecer a quienes no necesitan más a costa de quienes necesitan más ayuda.

7 – Quetzal, uno de tantos youtubers con contenido interesante sepultado por la mala fama de los Rubius y cía, trata más en profundidad de dónde viene todo esto en un video que lleva el elocuente título de “Por qué odiamos a Paulo Coelho”. Lo recomiendo encarecidamente: https://www.youtube.com/watch?v=RipDyiFbuP8

8 – Me paro aquí. Sí, ya sé que prometí diez, pero voy a dejar que te inventes las otras dos. Al fin y al cabo, sabes lo mismo del tema que quienes escriben estos artículos de mierda.

David Vázquez Baciero – @davidvazbaciero – Más artículos de David

 

Un comentario

  1. Jajaja… Muy bueno David. Suscribo sobre todo el punto 5. Y los otros dos como me los tengo que inventar te digo: 9- Recordar que somos únicos e irrepetibles por lo tanto irremplazables. 10- Sigue escribiendo artículos de mierda. Me ha gustado mucho. Un abrazo.

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