Y después de los ninis, las nomos

Pedro J. Barrios Rodríguez

Y después de los ninis, las nomos - DiarioE

El término, acuñado por una periodista inglesa que responde al nombre de Jody Day, no se refiere a unas minúsculas criaturas de sexo femenino que, en el imaginario común, habitan los bosques y construyen sus hogares sobre las setas (quizás se deberían llamar “nomas”, pero estas líneas no son momento de ese debate lingüístico). Este acrónimo inglés significa “no mother”, básicamente, ‘no madre’, y sirve para nombrar a una nueva generación de mujeres que, siendo totalmente fértiles, estando en pleno uso de sus facultades mentales y libres de cualquier tipo de presión, deciden no tener hijos. No es que no los quieran tener hasta después de haber exprimido al máximo la vida en forma de viajes, experiencias y excesos, sino que no quieren tenerlos nunca ni piensan arrepentirse de decisión semejante.

Para las seguidoras —y, por qué no, también los seguidores— de esta corriente, la realización personal de una mujer no depende de la efectividad de su aparato reproductor, que puede utilizar solo cuando y con quien quiera sin intención de perpetuar la especie. En los países desarrollados, aunque son evidentes las diferencias que aún persisten entre los dos sexos, las mujeres ya ocupan puestos de responsabilidad en empresas y en la vida pública, ya son económicamente independientes, ya pueden tomar decisiones sin necesitar la aprobación de un hombre al que están unidas por relación de parentesco o marital. De esta forma, al huir del encasillamiento doméstico al que tradicionalmente han estado relegadas, las mujeres, para realizarse, son totalmente libres de perseguir el objetivo vital que les venga en gana, el mismo que perseguiría cualquier representante masculino de la raza humana.

Una de las figuras que más ha contribuido al fortalecimiento de esta corriente es la ensayista Corinne Maier, madre de dos criaturas y autora de No Kid: 40 buenas razones para no tener hijos. En su ensayo la autora trata sin complejos uno de los mayores tabúes sociales que hay: arrepentirse de haber tenido hijos, un mudo sentimiento compartido por más personas de las que se puede creer. Sin embargo, estrictamente hablando, la corriente nomo nació poco después de la comercialización de la píldora anticonceptiva, que tuvo lugar en la década de los 60 en Estados Unidos, método al que después se fueron sumando otros tantos, como el preservativo o los parches hormonales. Poder controlar de manera personal, voluntaria y reversible el embarazo ha permitido a las mujeres que así lo deseen darle la espalda a la maternidad y centrarse en otras metas, sin dejar por ello de lado las relaciones sexuales. Por citar algunos rostros de nomos conocidos, Cameron Diaz y Audrey Tautou expresaron públicamente su deseo de no ser madres, y hoy representan el modelo de mujer del nuevo siglo: trabajadora, independiente, libre.

Las circunstancias socioeconómicas que seguimos atravesando también son determinantes a la hora de decidir si tener hijos o no. Una investigación reciente del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de Barcelona afirma que el 25 % de las mujeres españolas nacidas en los años 70 no tendrá hijos. El estudio recoge hasta tres causas posibles: el 2 % no tendrá descendencia por motivos biológicos; el 5 %, por decisión personal; y el 18 % restante, por causas económicas. Basándonos en estos datos, y previendo que estos porcentajes serán incluso mayores en el caso de las generaciones posteriores a dicha década, se podría afirmar sin mucho margen de error que el 30-35 % de las mujeres nacidas en los años 80, 90 y comienzos de siglo se verán obligadas a no tener hijos, porcentaje que en cierto modo empieza a ser motivo de preocupación.

Las nomos por decisión personal son vistas como mujeres egoístas, cobardes por renunciar a la maternidad; casi como parias por sentir que su vida es plena tal y como está, sin traer otra a este incierto mundo. “¿Y si tus padres no te hubiesen tenido a ti?”,“¿es que no quieres tener a nadie que te cuide de mayor?”, “date prisa antes que se te pase el arroz”… son algunos de los comentarios que más se les echan en cara, de los cuales un hombre nunca será objeto.

Sea por el motivo que sea, las nomos, cuyo número aumenta cada año, reivindican su derecho a no sentirse menos mujeres por no ser madres, conceptos que todavía hoy cuesta distinguir.

¿Se debe sentir un hombre menos hombre por no ser padre? El debate está servido: solterones de oro contra vestidoras de santos.

Pedro J. Barrios Rodríguez – Más artículos de Pedro J.

 

Un comentario

  1. A mi me parece que estamos asistiendo en muy poco tiempo a un cambio en las costumbres humanas de apareamiento y de roles que es brutal. Pienso que pronto los hombres podrán ser ellos los que tengan los nueve meses el bebé en su vientre. Lo que será una verdadera liberación para la mujer.

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